La villa de Moya, ruinas que enamoran

Nos montamos en la máquina del tiempo para viajar a uno de los lugares más espectaculares de la provincia de Cuenca. Según nuestra humilde opinión, la villa medieval de Moya es una de las joyas más preciadas que tenemos. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, sus ruinas repletas de tesoros nos trasladan a su época de esplendor cuando fue cabeza del marquesado de Moya, al cual pertenecían 36 municipios. Hace más de 60 años que se fue el último de sus vecinos. Hoy esta ciudad vacía representa la gloria y la desgracia del pasado. Pura historia.

Cómo llegar a la villa de Moya

Desde la localidad de Landete sale la carretera CUV-5003 que discurre hasta otra conocida población como es Salvacañete. En el trayecto atravesamos primero Los Huertos de Moya para encontrarnos, poco después, con el desvío que nos lleva al cerro donde está ubicada la villa de Moya, con El Arrabal a sus pies. Apenas un kilómetro más adelante se encuentra Santo Domingo de Moya, donde actualmente se halla el ayuntamiento del municipio. Pasado el pueblo, en caso de seguir por la misma vía, llegaremos a Salvacañete pasando por pueblos como Algarra o El Cubillo. Si tomamos el desvío por la carretera CUV-5008, podremos aterrizar en Pedro Izquierdo de Moya, último de los cuatro barrios de la localidad. El municipio posee 153 habitantes (INE 2017), que están divididos en sus 4 barrios. Se encuentra en la serranía Baja de Cuenca. Estas tierras han tenido una ubicación muy importante, estratégicamente hablando, puesto que se encuentran muy cerca de comunidades autónomas como Aragón y Valencia, antaño reinos.

Qué ver en la villa de Moya

Antes que nada conviene remontarse unos cuantos siglos atrás para comprender la grandiosidad de Moya. En el siglo XII es reconquistada por Alfonso VIII, el cual la otorgó fuero y ordenó la toma a Álvaro das Mariñas, que cambiaría su apellido por Moya tras la victoria. A comienzos del siglo XIII se cede a la Orden de Santiago y se funda el hospital para redención de cautivos, siendo su primer señor Don Juan González, maestre de Calatrava. Desde entonces va rotando en propiedad por diversas casas como los Lara o los Albornoz. En 1319, Fernando IV la declara Patrimonio de la Corona, siendo desde entonces tierra de realengo y villa. A mediados del siglo XV pasa a manos de Don Juan Pacheco, marqués de Villena, pero no podrá tomar posesión ante la negación de los habitantes. El que sí podrá tomar posesión en 1475 es Don Andrés de Cabrera, mayordomo de la Casa Real y esposo de Doña Beatriz de Bobadilla, camarera de la reina Isabel la Católica. Cinco años más tarde la villa y sus tierras adquieren en rango de marquesado. Durante el siglo XVI vive la ciudad su máximo apogeo, construyéndose nuevos inmuebles y templos, además de reforzarse otros como la muralla y el castillo. A partir del siglo XVIII es cuando se inicia la decadencia de la villa, deshabitándose por completo a mediados del siglo XX, concretamente en la década de los 50.

Inscripción en la Puerta de la villa de Moya

Tras un buen desayuno en Landete, tomamos la carretera anteriormente mencionada y, una vez dejado atrás Los Huertos de Moya, encontramos el desvío que nos lleva primero a El Arrabal de Moya y después a la villa en ruinas. Subimos por una serpenteante carretera que nos dejó ante un portón de madera. Aparcamos el auto allí mismo. A más de 1000 metros de altura se encuentra esta asombrosa ciudad medieval. Encaramada en lo alto de un cerro, consta de una doble muralla en su ladera oriental, puesto que la occidental posee un terreno tan escarpado que no fue necesaria su construcción. Empezamos a pie nuestra visita.

Columnas en la Villa de Moya

Avanzamos recto dejando atrás la Puerta de los Carros (s. XIV) y continuando por la vía denominada La Carrerilla. En pocos metros llegamos a la Puerta de la Villa (s. XVI) que, tras bajar un pequeño tramo de escaleras, cruzamos para observar que más abajo existe un hermoso arco romano, formando un ingreso acodado al recinto amurallado. Almenada y realizada con sillares blancos, podemos observar el escudo de los Cabrera sobre su arco de medio punto. Seguimos caminando hasta uno de los edificios en ruinas más espectaculares de Moya, la iglesia de San Bartolomé (s. XV). Su espadaña conserva uno de los tres ojos que poseía, además de un fornido torreón octogonal y la fachada donde tenía el acceso. Justo enfrente, la Puerta de San Diego (s. XIII), por la cual se puede acceder a la villa. Nosotros preferimos seguir recto por la calle del Cortijo hasta La Coracha (s. XIV-XV), desde donde las vistas son tremendas. Este recinto de doble muralla baja hasta el pie del cerro. A medio camino la rectangular Torre de San Roque, que hacía labores de aduana. Ya más abajo la Torre del Agua, que protegía la fuente donde se abastecían los vecinos. Ya era hora de entrar en la ciudad. Lo hicimos por la Puerta de la Calzadilla (s. XIII).

Iglesia de San Bartolomé, en Moya

Nada más entrar nos dirigimos a contemplar los restos de la iglesia de San Miguel (s. XIV). Solo quedan los muros principales, sirviendo en la actualidad como cementerio. Caminando hacia el extremo occidental llegamos a los escasos restos de la iglesia de San Pedro (s. XVII). Justo a su lado una construcción en bastante mejor estado de conservación, puesto que se encuentra parcialmente rehabilitada. Nos referimos al convento de la Concepción Franciscana (s. XVII), cuyo arquitecto, Pedro de Tolosa, levantó también el convento de Uclés. Edificio de dimensiones considerables en cuyo claustro podemos encontrar aljibes que solucionaban uno de los grandes problemas de la villa: el agua. En poco tiempo desembocamos en la plaza Mayor, desde la que observamos la también destrozada iglesia de la Santísima Trinidad (s. XIII), cuya españada todavía sigue en pie. Pronto llegamos a los dos edificios restaurados de la ciudad. La casa del Ayuntamiento, antiguo pósito, y la iglesia de Santa María la Mayor, templo más antiguo de la villa y único en el que todavía se celebra culto. De estilo gótico, en su interior se conserva el magnífico reloj de la ciudad, que aún puede dar la hora.

Iglesia de Santa María la Mayor en la villa de Moya

Antes de tomar recta la calle Madre de Dios de Arriba, nos asomamos a la Puerta de los Ojos (s. XII) para seguir contemplando estupendas vistas. En este intervalo de camino, antes de llegar a la fortaleza, observamos las ruinas del Hospital de la Madre de Dios (s. XVI), fundado por los hermanos Zapata, y de la iglesia de San Juan, junto a la puerta homónima del siglo XIII. Estuvimos zascandileando por encima de ella y sacando fotografías de la última parada. El Castillo de los Bobadilla es una fortaleza militar asombrosa de la que destaca su imponente Torre del Homenaje, secundada por torres albarranas y debajo por el cuerpo de guardia con todos los elementos. Antiguamente se accedía por puente levadizo superando un foso. Se encuentra en el extremo meridional, el cual termina con la Albacara (s. XII), tramo de muralla de forma triangular que se convirtió en el primer recinto de la villa, llegando posteriormente a tener cuatro más distribuidos por el resto del cerro.

Castillo de Moya

Ya bajamos a la Puerta de los Carros para despedirnos de esta auténtica maravilla. Es muy complicado describir cómo se siente uno cuando visita las ruinas de Moya. Sensación contradictoria. Por un lado ese aire medieval fantasmagórico le da mucho encanto. Por otro lado, uno no puede evitar pensar cómo semejante patrimonio ha sido capaz de olvidarse y dejarse destruir de tal manera. Gracias a gente noble como la que conforma la Asociación de Amigos de Moya, se ha conseguido recuperar parte de los edificios, llegándose a declarar merecidamente Conjunto Histórico-Artístico. Debemos recomendar encarecidamente la visita a las ruinas de Moya a todas aquellas personas que todavía no hayan zascandileado por estas tierras. Por ejemplo para el Septenario de la Virgen de Tejeda, una romería impresionante que se realiza cada siete años desde Garaballa.

Estas fiestas están declaradas de Interés Turístico Regional. Acude gente de toda la comarca, incluso de comunidades autónomas cercanas como Aragón o Valencia. Se rememora su historia, la grandeza de Moya. Todo un acontecimiento multitudinario celebrado cada siete años. En 2018 formamos parte de la expedición, aunque no pudimos llegar hasta el final, al castillo e iglesias de Moya. Nos quedamos un poco antes. Una pena no haber tenido el día siguiente de vacaciones. Para el próximo echaremos ojo a nuestra Guía Zascandil para encontrar los mejores alojamientos cerca. De paso saldrán los eventos programados para atraer todo el turismo posible.

Joya medieval. Uno de los lugares más espectaculares de la provincia de Cuenca. No defraudará a nadie.