El Picazo, a orillas del río Júcar

Hace tiempo que no viajamos por la Manchuela de Cuenca. Apetece. Nos dirigimos hacia un municipio bañado por las aguas del río Júcar. Además de semejante aliciente natural, posee un patrimonio civil donde abundan las casas señoriales. Estamos hablando de El Picazo, cuya joya más preciada es su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Este post es especial, ya que se trata del primero que hacemos tomando imágenes en diferentes días, tanto nocturnas como diurnas.

Cómo llegar a El Picazo

La carretera más importante que atraviesa su núcleo urbano es la N-310. Circula desde la cercana localidad de Villanueva de la Jara hasta Manzanares, ya en la provincia de Ciudad Real. Pasa por municipios conquenses como Sisante, Vara de Rey o San Clemente. A escasos cinco kilómetros se halla la autovía de Valencia o A-3, para la cual es necesario tomar previamente la cercana vía CUV-8307. Posee una población de 672 habitantes (INE 2017), cuya principal actividad económica es el cultivo de hortalizas, vid, olivo y cereal. Pertenece a la comarca de la Manchuela.

Qué ver en El Picazo

Entramos con el auto en la villa tomando la avenida Juan Carlos I y, tras pasar el monumento dedicado a las Tradiciones Musicales Picaceñas, dejamos el auto estacionado en la calle Audiencia. Justo al lado teníamos el edificio religioso más importante de El Picazo, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (s. XVI).

Monumento a las Tradiciones Musicales Picaceñas

El templo es de una sola nave, fabricado en mampostería con sillares en las esquinas. Posee torre de tres cuerpos, que incluye reloj, además de dos portadas, una en norte y otra sur. Destacan los poderosos contrafuertes de su fachada. En su interior, además del altar mayor y la sacristía, consta de cuatro capillas: de los Montoya, de los Carrillo, de los Portillo y de Nuestra Señora del Rosario. Una maravilla.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Nos asomamos a la plaza del Ayuntamiento, que alberga, evidentemente, la casa consitorial de El Picazo. Comenzó nuestra ruta de inmuebles señoriales. Primero por la calle Iglesia hasta la antigua casa de Don Juan Hidalgo Carrillo (s. XVI). En la actualidad es una panadería. Seguimos por la calle Alarcón hasta la casa de D. Melchor de Peñaranda (s. XVIII). En la esquina con calle Mayor nos topamos con la casa de la Familia Carrillo (s. XVII). Girando a mano derecha por la calle Enmedio aterrizamos en la plaza Mayor.

Ayuntamiento de El Picazo

Este importante espacio de la localidad está protagonizado por la casa-palacio de los Ruiz de Monsalve (s. XVII), así como por el antiguo mesón de Villanueva, uno de los edificios más antiguos de la localidad que actualmente es vivienda. Tomamos la calle San Mateo para llegar a la casa de Francisco Jiménez (s. XVIII). Más adelante nos deleitamos con la casa-palacio de D. Diego Villanueva (s. XVI) y, varios metros después, cruzando la calle Audiencia, con su hermana la casa-palacio de D. Mateo Villanueva, actual centro social. Las portadas de estas dos últimas son dignas de ver.

Casa-palacio de D. Mateo Villanueva, actual centro social

En líneas generales, este pequeño paseo es muy disfrutable por la cantidad de escudos señoriales, bellas fachadas y rejerías que se pueden contemplar. Pocos pueblos hemos conocido con semejante patrimonio civil concentrado en tan reducido espacio. Posteriormente tomamos la calle Molino para asomarnos al río Júcar. Lástima que fuera noche cerrada y no se pudiera fotografiar el paisaje de manera adecuada.

El caso es que teníamos este post en la despensa y, tiempo después, el zascandileo nos condujo por los alrededores. Solución, hacer una visita exprés. Sacamos fotografías de varios puntos de interés, incluido el río Júcar. Al lado del antiguo molino harinero del Concejo de Alarcón se encuentra una especie de playa en la que poder darse un chapuzón, siempre con el permiso de los patos. Y qué patos. Tenían un tamaño considerable. Tras un rato sacando instantáneas, hicieron gestos y ruidos de pocos amigos, por lo que captamos la señal y nos fuimos sin ser picoteados.

Patos junto a la orilla del río Júcar

Así pues, abandonamos ya con los deberes hechos la villa de El Picazo. Da gusto volver a la Manchuela y encontrarse pueblos con este patrimonio natural y arquitectónico. Solo nos queda recomendar la visita a todo aquel zascandil que se pase por esta zona. No hay excusa, pues es una localidad muy bien comunicada. Gran excursión. Dicho queda.

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