Huerta del Marquesado, la villa enamorada del agua

Viajamos hacia el extremo meridional de la serranía Alta de Cuenca para visitar una bella localidad, ligada como ninguna otra al líquido elemento. Además de pasar junto al núcleo urbano ríos como el Laguna, también alberga la embotelladora de la conocida marca Fuente Liviana, así como el museo del Agua Clara. No nos podemos olvidar de su patrimonio religioso y civil, encabezado por el molino del Batán, el lavadero o la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Todo ello acompañado del maravilloso Paisaje Ilustrado creado por Luis Zafrilla.

Cómo llegar a Huerta del Marquesado

Nosotros aterrizamos en el municipio a través de la carretera CM-2106, que tomamos tras pasar la localidad de Huélamo. Una vez dejadas atrás Valdemeca y la laguna del Marquesado, además del pueblo homónimo, llegamos a Huerta del Marquesado. Para los amantes de la conducción, es una vía magnífica, pues el paisaje resulta digno de admiración. Reconocemos que hay una manera más fácil y cómoda de llegar, desde Cuenca ciudad se puede tomar la conocida N-420, de la cual nos tendremos que desviar en Cañete para coger la anteriormente citada CM-2106. Tras bordear Campillos-Sierra, desembocaremos en nuestro destino. Posee una población de 211 habitantes (INE 2016), cifra que le convierte en uno de los municipios más poblados de la serranía Alta. Se halla en el límite administrativo con la comarca de la serranía Media-Campichuelo y Serranía Baja.

Qué ver en Huerta del Marquesado

Entramos en la villa y estacionamos un segundo el coche, justo donde está la señal que indica la población. En esa parte se puede observar el cauce de un riachuelo, junto al área de recreo. Sería nuestra primera toma de contacto con el agua dentro de Huerta del Marquesado. No la última. Montamos de nuevo. A través de la calle Olmo nos introdujimos en el núcleo urbano y, tras pasar el frontón, decidimos aparcar el auto y comenzar a caminar.

Cauce de agua en la entrada del pueblo

Era la hora de comer y andábamos bastante hambrientos. Paseando por la calle Real hallamos el bar restaurante Fuentel Gato, qué gran suerte. Almorzamos una ensalada y un estofado de ciervo que nos supieron a gloria. Muy ricos. Los hosteleros que nos atendieron fueron encantadores y, tras comentarles que teníamos un blog y haríamos un reportaje del pueblo, nos prestaron las llaves para ver el molino del Batán. Una de las joyas de la localidad.

Se lo agradecimos inmensamente y pusimos rumbo a las afueras del pueblo. Nos hubiese gustado hacer el recorrido a pie, pero debíamos apurar el tiempo, ya que nos quedaban algunas paradas en nuestra ruta zascandil preparada para ese día. Dirección sur, salimos de la villa y seguimos las indicaciones por un camino de tierra. Llegamos al poco tiempo. Antes de entrar, disfrutamos del hermoso paraje natural donde se encuentra ubicado, junto al río Laguna, que trae sus aguas desde la cercana laguna del Marquesado.

Paisaje Ilustrado junto al molino del Batán

Recientemente restaurado, el molino del Batán fue a su vez harinero y pañero. Es decir, además de poseer una piedra para moler cereal y obtener harina de cara a elaborar pan, tenía un batán destinado a mejorar los tejidos dotándolos de resistencia y calidad. Este artefacto estaba compuesto por dos o más grandes mazos que golpeaban las telas rítmicamente gracias a la fuerza hidráulica. Por dentro existen numerosos paneles informativos que aportan datos sobre la historia, mecanismo y funcionalidad del edificio. Estamos hablando de uno de los pocos molinos pañeros que se conservan en España. Mucha tela, nunca mejor dicho…

Interior del molino del Batán

Antes de volver a coger el auto, nos fijamos en las bellas representaciones del Paisaje Ilustrado creado por Luis Zafrilla. Este proyecto artístico se compone de numerosas esculturas de metal repartidas por diversos puntos en tres municipios: Valdemeca, de donde es originario el autor, Cañete y el presente Huerta del Marquesado. Constan de un realismo que deja asombrado al visitante, pues muchas de las escenas, desde lejos, bien parece que están sucediendo. En este tramo podemos observar un hombre preparando a su burro para soportar la carga o una mujer tendiendo al sol la ropa, entre otros ejemplos.

Escena del Paisaje Ilustrado en Huerta del Marquesado

Deshicimos el camino para aparcar en el anterior lugar y devolverle las llaves a los generosos dueños del bar restaurante Fuentel Gato. Además aprovecharon para indicarnos varios puntos de interés dentro del núcleo urbano. Eternamente agradecidos. Les hicimos caso y, a los pocos metros, aterrizamos en la plaza de la iglesia. Lugar donde se levanta el edificio religioso más importante de la villa, la iglesia parroquial de Santa María Magdalena.

Fue reconstruida en buena parte tras la Guerra Civil, pues sufrió grandes daños. Originaria del siglo XVIII, destaca por encontrarse completamente encalada tanto en el exterior como en el interior, algo no muy común en los templos de la zona. Merece la pena reseñar su interesante pila bautismal. Posee una sola nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos.

Iglesia parroquial de Santa María Magdalena

Muy cerca, bajando por la calle Molino, llegamos al lavadero, hermoso ejemplo de arquitectura tradicional. Tanto la construcción como el lugar donde se localiza tienen un gran encanto. Da gusto escuchar como corre el agua, transmite mucha paz. Rehabilitado completamente, alberga en su interior parte de la exposición permanente del museo del Agua Clara, en este caso relativa al uso del líquido elemento y su cuidado. Dicho museo consiste en un espacio al aire libre, en el cual se ofrece un itinerario artístico urbano con numerosas obras que tienen un denominador común, el agua. Caminando por las calles del pueblo podremos admirar a estos artistas. Junto a la construcción se hallan más manifestaciones del Paisaje Ilustrado.

Interior del lavadero

Subimos por la calle Eras llegamos al ayuntamiento de la localidad. Se trata de un edificio sencillo con dos plantas y balcón. Al lado hallamos otro de los motivos de orgullo que tiene Huerta del Marquesado, el horno. Todavía posee maquinaria de época, funcionando a pleno rendimiento y elaborando un pan muy valorado en la serranía de Cuenca. Fue reconstruido a comienzos del siglo XX.

El zascandileo por la villa concluyó callejeando y disfrutando de ese ambiente serrano tan agradable en estos pueblos, con esas casas de arquitectura tradicional. Montamos de nuevo en el auto para despedirnos, nos sin antes maravillarnos con la úlitma escultura del Paisaje Ilustrado que encontramos. Recrea el accidente de avión vivido en estas tierras, concretamente entre los términos municipales de Beamud y Valdemeca, allá por el mes de abril de 1959. En él falleció, además de otras 7 personas, el gimnasta olímpico Joaquín Blume, por aquel entonces estrella del deporte nacional. Una auténtica desgracia. Todos los años, el último sábado de abril, se celebra la Marcha Blume, día de senderismo en el que se rinde homenaje a las víctimas de la tragedia.

Escena del Paisaje Ilustrado que representa el accidente de avión donde falleció Joaquín Blume

Dejando atrás la embotelladora de Fuente Liviana, nos marchamos de Huerta del Marquesado con un gran sabor de boca. Uno de esos pueblos donde te encanta todo lo que ves. Muy completo. Recomendamos encarecidamente su visita. Este rincón mágico de la serranía Alta de Cuenca se quedará grabado para siempre en tu corazón.

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