Henarejos, la deuda con el Tío Modesto

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Sobre el cerro de Santa Ana, en plena serranía Baja de Cuenca, se asienta una localidad que fue hogar de muchas civilizaciones. Su término ha sido habitado desde la Prehistoria, como bien demuestran las pinturas rupestres en el abrigo del Tío Modesto. Reflejo de lo que comentamos son sus monumentos, como el torreón de Santa Ana o la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Hoy recorremos las hermosas calles de Henarejos, un pueblo fuertemente ligado a la minería.

Cómo llegar a Henarejos

Para aterrizar en la localidad tomamos la carretera CUV-5006 que une las localidades de Fuentelespino de Moya y Garaballa. Se encuentra en la parte oriental de la provincia, muy cerca del límite con la Comunidad Valenciana. Perteneciente a la comarca de la Serranía Media-Campichuelo y Serranía Baja, cuenta con una población de 153 habitantes (INE 2017).

Qué ver en Henarejos

No necesitamos entrar al núcleo urbano para recibir la primera en la frente. Poco antes de llegar a la villa observamos una carretera que nacía en sentido contrario al nuestro. En ella advertimos un cartel que indicaba el camino al Abrigo del Tío Modesto. 4,2 kilómetros nos separaban de la primera parada. Hablamos de pinturas correspondientes al Arte Rupestre Levantino, aunque se pueden observar figuras superpuestas de diferentes etapas. Predominan las escenas de caza con arcos y flechas, además de pinturas esquemáticas.

Las pinturas rupestres siempre presentes

Las pinturas rupestres siempre presentes

En decenas de metros se nos presentó una bifurcación en la cual, para variar, tomamos la dirección incorrecta. Terminamos en el cementerio. Tras dar la vuelta continuamos por el camino correcto y, en vista de que no parecíamos acertar con el destino, desistimos en el intento. Era ya bien avanzada la tarde y teníamos que patear todavía el pueblo. No cabe duda de que nos perdimos algo formidable. Da rabia porque leemos en todos lados que está muy bien señalizado y nosotros, por torpes, nos rendimos rápido. Cierto es que si hubiésemos aterrizado antes en el municipio, habríamos terminado encontrando el lugar al ir con más tiempo.

Torreón en el cerro de Santa Ana

Torreón en el cerro de Santa Ana

Ya desde lejos se puede contemplar la esbelta torre en el cerro de Santa Ana. Esta construcción se levantó en época musulmana con fines defensivos y funciones claras de vigilancia. A día de hoy se encuentra reformada. Entramos en el pueblo y lo primero que nos encontramos fue el lavadero público. Decidimos adentrarnos un poco más en la villa para dejar aparcado el auto en un lugar más céntrico. Finalmente lo estacionamos en la plaza Encrucijada. Bajando por la calle Real desembocamos en la plaza Mayor, lugar donde se halla la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

El edificio consta de una sola nave con planta de cruz latina. En el exterior se puede apreciar una imponente torre cuyo campanario está coronado por cubierta a cuatro aguas. Merece la pena destacar también la portada con arco de medio punto, el reloj y el bello rosetón. En la misma plaza también se puede apreciar la casa consistorial, elegante inmueble de mampostería.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Continuamos el paseo por la calle Caballeros hasta llegar a una especie de paseo fluvial, por el que no discurría ni gota de agua. Seguimos andando hasta la plaza Segovia y en ese momento nos detuvimos a observar el letrero de la calle. No habíamos caído en la cuenta de que algunas señales estaban hechas con piedra y pintadas con motivos rupestres. Sin duda una idea muy original.

Comenzaba a bajar el sol mientras admirábamos el encanto de este pueblo serrano que posee un entorno natural privilegiado. Terminamos la visita pasando por calles como Fuente, Calvario, Mieses o Cantón. Poco antes de llegar al coche, un amable vecino nos habló del poblado minero abandonado que existe a pocos kilómetros.

Aire serrano en las calles de Henarejos

Aire serrano en las calles de Henarejos

Las Casas de las Minas fue un asentamiento creado a principios del siglo XX allí donde se trabajaba en la extracción del carbón. La zona donde se ubicó fue el Valle de las Minas, dividiéndose en tres barrios y contando con escuela, cuartel, bar o lavadero. Llego a tener varios centenares de habitantes a mediados del siglo XX. Actualmente es un pueblo abandonado con la mayor parte de sus edificios en ruinas.

Por lo tanto, marchamos de Henarejos con un par de deudas pendientes: la del Tío Modesto y la de los mineros. Ante una visita incompleta no queda más remedio que retornar. Además quedamos encantados con el magnífico patrimonio arquitectónico y natural que ofrece la localidad. Nos despedimos hasta dentro de muy poco.

 

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