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Villanueva de la Jara, siguiendo a Santa Teresa (II)

Silueta de la basílica de Nuestra Señora de la Asunción, en VIllanueva de la Jara

Volvemos con la segunda parte de nuestra excursión a Villanueva de la Jara, municipio perteneciente a la comarca de la Manchuela. Nos despedimos en el anterior post de Villanueva de la Jara, saliendo del Centro Teresiano absolutamente fascinados. Todavía nos quedaban por ver varios de los monumentos más representativos del patrimonio jareño, por lo que seguimos con la marcha para visitarlos junto al gran guía José Ignacio y nuestro amigo Alfonso, oriundo del municipio.

Continuamos con Santa Teresa de Jesús muy presente, puesto que el siguiente templo que nos aguardaba posee bastante relación con ella. En 1580, antes de llegar a Villanueva de la Jara, pasó por el Desierto del Socorro, en La Roda, para visitar a los carmelitas descalzos que allí residían. Tenía mucho interés en la figura de Catalina de Cardona, mujer de la Corte que se retiró al desierto para vivir una vida de ascetismo y austeridad. Finalmente no llegó a conocerla, pero invitó a los frailes a fundar en La Jara.

Iglesia del convento del Carmen

Recorrimos la calle Santa Ana y, posteriormente, tomamos la calle Madrigal para llegar a la iglesia del convento del Carmen. Este se comenzó a levantar en 1587, tras la llegada de los frailes. Su construcción se sufragó gracias a los bienes del convento del Socorro. Actualmente solo queda en pie la iglesia, pues el resto del conjunto desapareció tras las desamortizaciones del siglo XIX. La arquitectura del edificio es típicamente carmelitana, tomando como prototipo el monasterio de la Encarnación de Madrid, de Fray Alberto de la Madre de Dios. Posee una gran fachada sin ornamentaciones, a excepción de los escudos y la imagen titular. Su estructura se desarrolla en tres cuerpos: el inferior para el acceso, el intermedio para la iluminación y en el superior un tímpano de forma triangular con óculo.

Entramos en su interior para encontrarnos con un templo cuya planta es de cruz latina. De las tres naves que posee, la principal y las laterales están destinadas a las capillas devocionales, que se comunican a través de un pasillo. En la cabecera se localiza el Altar Mayor y la imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de Villanueva de la Jara. El presbiterio está decorado con un retablo dorado de estilo barroco y la cúpula central está ornamentada con pinturas que simulan materiales más nobles y formas con iconografía clásica carmelitana.

Iglesia del Carmen en Villanueva de la Jara

Iglesia del Carmen (Villanueva de la Jara)

Tuvimos la suerte de poder entrar al camarín para ver la imagen de la Virgen de las Nieves (s. XIV). De estilo gótico, esta escultura de bulto redondo tallada en madera estucada, policromada y dorada, representa a la patrona sentada en silla, sin brazos, con el niño también sentado sobre ella siguiendo el modelo medieval del “trono de sabiduría”. La imagen presenta, en su mano derecha una manzana, a su vez, el niño soporta en su mano izquierda el globo coronado de cruz. Toda una obra de arte. Seguimos en el interior hasta subir a ver las maravillosas maquetas que existen resguardadas en la iglesia y que imitan varios de los lugares más emblemáticos de la villa. Un trabajo muy elaborado y preciso que nos dejó alucinados.

Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, en Villanueva de la Jara

Seguimos por la calle Nieves hasta la de Jesús Casanova para llegar a uno de los templos más impresionantes que hay en la provincia de Cuenca: la basílica parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (s. XVI-XVII). Dado su volumen, se puede ver a varios kilómetros de distancia del pueblo. En 1871, el papa Pío IX le otorgó el título de basílica.

Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, en VIllanueva de la Jara

Basílica de Villanueva de la Jara

A su alrededor se puede observar parte de la muralla que pertenecía a la fortaleza que vigilaba la villa. Sobre la torre del homenaje se alza el campanario. Aquí podemos distinguir tres cuerpos. En primer lugar la propia torre, de mampostería y con ventanas sobre las que se ubica el escudo de armas de los Reyes Católicos. En segundo lugar el campanario, el cual posee cuatro pares de arcos orientados a los cuatro puntos cardinales y decorados con las bolas castellanas. La construcción está rematada, finalmente, con un chapitel barroco (s.XVIII) formado por tres cuerpos de arcos de medio punto que menguan su dimensión a medida que ascienden, y que recuerda al que coronaba la “Torre del Giraldo” de la catedral de Cuenca, desaparecido a principios del siglo XX.

La basílica consta de tres entradas. La norte, estructurada a modo de “arco del triunfo”, es la más bella y visualmente llamativa. La portada del poniente es ciega y, al estar orientada a la entrada principal, se deduce la intención de proporcionar un pórtico a la fachada. La sur, por la que se entra a través del patio de la fortaleza, es la más reciente de las tres y se puede considerar de estilo neoclásico.

Entramos por esta última y pudimos contemplar por dentro la única nave, seccionada en cinco tramos y rodeada de seis capillas laterales que ocupan el espacio de los contrafuertes. El presbiterio se cierra con ábside poligonal, lo cual se distingue muy bien desde fuera del monumento. Uno de los detalles que más llaman la atención es la variedad de estilos existente en el templo, tanto en la arquitectura como en las capillas. Se puede apreciar cómo se concibió como gótico, pero continúa su construcción con estilo renacentista (fijarse en las pilastras) y, finalmente, durante el Barroco se añaden capillas, por ejemplo la del Rosario o la sacristía, dotada de valiosísimas obras de arte pictóricas de la época.

Son muy numerosas las obras que merecen una mención especial. La capilla del Bautismo, situada en la base de la “torre del homenaje”, con su espléndida pila y su bóveda octogonal. La talla del Santísimo Cristo de la Llaga en la Espalda, de gran fervor popular, muy notable en varios lugares de España, sobre todo Valencia. El retablo de San Martín, una auténtica maravilla del gótico tardío, atribuida a Alejo Fernández, conocido pintor andaluz que pasó por Cuenca en 1522. Las capillas del Pilar y la Dolorosa, también de gran belleza. La espectacular capilla del Rosario (s. XVIII), de estilo barroco, cuyas pinturas murales, obra de Felipe Navarro, son un tributo al “horror vacui”, es decir, ningún rincón vacío, sin color. Su altar también es muy bonito, posee detrás un camarín al cual pudimos acceder.

Pero quizás de todas las manifestaciones artísticas que existen en el interior de la basílica, el Retablo Mayor de la cabecera sea la más impresionante. Fue realizado por Francisco Montllor mediante un encargo de D. Francisco Valero y Losa, oriundo de La Jara y, posteriormente, arzobispo de Toledo. La construcción del cascarón, sin dorar, termina en 1697. Debido a los problemas financieros y la posterior Guerra de Sucesión, no se reanuda la obra hasta 1729, cuando se comienza a dorar el retablo, hasta que en 1749 concluye el fino y enorme trabajo. Impresionan los más de 300 m2 que ocupa esta preciosidad, cuyo cuerpo principal está compuesto por cuatro columnas salomónicas torneadas en diferentes sentidos. Merece la pena destacar el templete expositor destinado en la antigüedad para enseñar a los fieles la Sagrada Eucaristía. Existe un curioso mecanismo subterráneo de ruedas y poleas a los pies del expositor, encargado de hacer aparecer la custodia ante el pueblo. Muy propio del gusto teatral en el Barroco.

Retablo Mayor de Nuestra Señora de la Asunción, Villanueva de la Jara

Retablo Mayor de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, en Villanueva de la Jara

De este modo terminamos nuestra visita guiada por los monumentos más importantes de Villanueva de la Jara, tuvimos mucha suerte de tener a José Ignacio para explicarnos estupendamente toda la información relativa al patrimonio jareño, incluidas muchas historias y anécdotas fantásticas. Nos despedimos hasta la próxima vez que nos viésemos reiterando nuestro agradecimiento. A nosotros nos tocaba comer un poco, que ya apretaba el hambre. Fuimos a casa de Alfonso para tener el placer de conocer a sus encantadores padres, Guzmán y Matilde, y degustar la exquisitez de los gazpachos de su madre. Una vez repuesto fuerzas nos decidimos a dar un paseo para que Alfonso nos enseñara algunos de los lugares de interés que nos quedaban por ver. Lo primero que hicimos fue acudir los “sótanos” de José Antonio Perona, amigo de la familia, para ver el llamativo proceso de cultivo de las setas y el champiñón, actividad que supone la principal fuente de ingresos, junto al turismo y la agricultura, que posee el municipio.

Andando hacia las afueras del pueblo llegamos al Rollo de Justicia. De gran belleza y factura, este monolito labrado a base de casetones hexagonales coronado con templete, representa la potestad de administrar justicia. Se levantó a finales del siglo XV con un marcado estilo gótico isabelino. Muy cerca comienza el parque fluvial del Río Valdemembra, agradable paseo cuyo inicio y final lo marcan los curiosos lavaderos “viejo” y “nuevo”. Por esta ruta bajamos la suculenta comida que habíamos ingerido hacía varios minutos. Uno metros más adelante del final de este paseo fluvial, llegamos a la ermita de San Antón, construcción de una sola nave cuadrada donde destacan las pinturas murales que decoran su retablo.

Rollo de Justicia, Villanueva de la Jara

Rollo de Justicia, en Villanueva de la Jara

Anduvimos hasta la explanada que hay junto a la basílica, en la cual se yergue la estatua dedicada a Santa Teresa de Jesús. Emprendedora e inquieta, dejó su impronta en La Jara, “ciudad teresiana” incluida en la ruta de peregrinaje “Huellas de Santa Teresa”, creada para conmemorar el V centenario de la muerte de la santa. El pasado de Villanueva de la Jara es muy rico, además del convento que fundó Santa Teresa, la villa llegó a tener otros tres más, símbolo de la importancia que tuvo y que se refleja hoy en día con multitud de monumentos y sitios de interés que contemplar.

Paseo fluvial del río Valdemembre, Villanueva de la Jara

Río Valdemembra a su paso por Villanueva de la Jara

Aquí, reflexionado como lo haría ella, aunque fuese solo para saber dónde íbamos a tomar un refrigerio a continuación, terminó nuestra visita al tremendo patrimonio religioso y civil de Villanueva de la Jara. Concluimos deseando volver, aunque sea para las fiestas patronales que se celebran en honor a la Virgen de las Nieves, el 5 de agosto. Solo nos queda dar las gracias por un día tan genial a Alfonso Arjona, nuestro gran amigo y colaborador, a José Ignacio, amabilísimo y profesional informador turístico del municipio; y a Guzmán y Matilde, por darnos comida y cama en su hogar, lo dicho, eternamente agradecidos.

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