Zafra de Záncara, maravillas en pendiente

Vistas de Zafra de Záncara

Nos dirigimos a la Mancha Alta de Cuenca para visitar uno de los pueblos más bonitos de la comarca. Además de poseer un destacado patrimonio civil y religioso, Zafra de Záncara es conocido por su localización, ya que se ubica en la ladera de un cerro. Id preparando las piernas para subir sus poderosas pendientes.

Cómo llegar a Zafra de Záncara

Nosotros aterrizamos en el municipio desde Palomares del Campo, tomando primero la carretera CM-7031 y después la CUV-7032. Probablemente lo más cómodo para el turista sea la llegada a través de la autovía de Valencia o A-3, cogiendo la salida que marca el nombre de la localidad y continúa por la anteriormente citada vía CUV-7032. Está situado cerca de Cuenca, concretamente a 55 kilómetros. Zafra de Záncara posee 128 habitantes (INE 2017), los cuales se dedican en su mayoría a la agricultura. Se encuentra en la comarca de la Mancha Alta, aunque muy cerca de la Alcarria. Debajo del promontorio donde se haya el pueblo discurre el río Záncara, así como un acueducto del trasvase Tajo-Segura.

Qué ver en Zafra de Záncara

Como ya nos imaginábamos el panorama, el coche se quedó en la parte más baja del núcleo urbano. De esta manera nos ahorramos sufrimientos automovilísticos, aunque nuestras patas no estuviesen muy de acuerdo. Comenzó la ascensión. Fuimos subiendo por largas calles como Pocillo o Arrabal, pasando por la plaza del Concejo. Seguimos echando piernas por la calle Consuelo hasta llegar a la iglesia parroquial de la Asunción (s. XVI-XVII).

Iglesia en Zafra de Záncara

Iglesia Parroquial de la Asunción

El edificio está formado por dos naves construidas en diferentes épocas. El primer tramo, que incluye el presbiterio, es de estilo plateresco. Por fuera podemos destacar la torre de dos cuerpos. Resulta curioso cómo el templo se adapta a la topografía, ya que la torre apenas supera en altura a las cubiertas. Muy cerca nos encontramos otra de las maravillas de la localidad. Nos referimos al palacio del Rusiano (s. XVIII), de importantes dimensiones, que está relacionado con D. Fernando Casado de Torres (1757-1829), Comandante General del Cuerpo de Ingenieros de la Real Armada y oriundo de Zafra de Záncara.

Cruzando una pequeña calle desembocamos en la plaza Mayor, lugar donde reside el edificio consistorial. Es de admirar porque no todos los días se ve un ayuntamiento alojado en una iglesia del siglo XVII. Subiendo la calle y esquivando algunas obras conseguimos llegar hasta la, seguramente, construcción más emblemática del pueblo. Nos referimos al Castillo. De origen musulmán, fue conquistado en 1179 por D. Pedro Manrique de Lara. En el siglo XV fue reformado por D. Juan Pacheco, marqués de Villena. En la actualidad está en estado ruinoso, quedando en pie únicamente parte de una torre de planta cuadrada y algún lienzo de muralla.

Castillo de Zafra de Záncara

Nos hallamos en la parte más elevada del municipio. A escasos metros teníamos el mirador del Vallejuelo, que proporciona unas vistas espectaculares. Desde este punto podemos observar el molino de viento situado sobre el monte. Está restaurado y ofrece una estampa muy hermosa fusionándose con un entorno tan agraciado. Nos encontramos en la otra ladera del cerro donde descansa Zafra de Záncara, mucho más abrupta.

Molino de Viento en Zafra de Záncara

Continuamos el paseo ya cuesta abajo, observando el paisaje cuando los inmuebles nos dejan. Desde aquí pudimos asomarnos desde arriba a la antigua Casa de Pedro Chicote, complejo rural que, al menos lo que vimos, nos pareció una pasada. También llamó mucho nuestra atención el gran número de casas en construcción que hay en la localidad, y más por esta zona de bajada desde el mirador.

En este trayecto se puede apreciar el paso de los distintos pueblos por este enclave. Íberos, visigodos o musulmanes se establecieron y lucharon estratégicamente por él. En el cerro situado frente a la población, se pueden observar los restos de la ermita de la Virgen de Arriba, de estilo románico. Realizada en mampostería, todavía podemos admirar su ábside semicircular, el cual consta de una bella saetera.

Ruinas de la ermita de la Virgen de Arriba

Con este último monumento nos despedimos. Ya que lo siguiente fue llegar al coche y poner rumbo al siguiente punto de nuestro camino. Solo podemos recomendar encarecidamente la visita a Zafra de Záncara. Cierto, hay que subir muchas cuestas, pero llegar a lo más hermoso nunca fue fácil. Y semejante patrimonio arquitectónico bien merece la pena.