Mariana, puerta de El Campichuelo

Muy cerca de Cuenca ciudad se abre la entrada a una de las comarcas más fascinantes de la provincia. El Campichuelo enamora al visitante con su paisaje, su tranquilidad y su arquitectura religiosa de estilo románico popular. Mariana es guardiana de esos parajes espectaculares. La visita a su ayuntamiento o a la iglesia parroquial de San Pedro Apostol resulta obligada.

 

Cómo llegar a Mariana

Llegamos por la conocida carretera de la serranía de Cuenca, CM-2105. Varios kilómetros antes de llegar a Villalba de la Sierra, encontramos el desvío para tomar la CUV-9116, conocida vía que recorre los pueblos de El Campichuelo. Al tomar esta dirección, nos hallaremos a escasa distancia la villa. Está muy cerca de la capital, concretamente a catorce kilómetros.  Posee una población de 288 habitantes (INE 2016), los cuales se dedican en su mayoría a la agricultura. Destaca por encima de todo el cultivo de la patata, siendo el pueblo muy conocido por este motivo.

 

Qué ver en Mariana

Estacionamos el auto en la parte alta de la localidad, junto al colegio. Al lado nos encontramos el primero de los encantos de Mariana. Nos referimos al ayuntamiento. Destaca el pórtico de dos plantas. En la inferior con arcos de medio punto de ladrillo y en la superior con hermosa balconada sujeta con estructura de vigas y columnas de madera. Llama la atención la esbelta torre de dos cuerpos con balcones cubiertos y reloj.

El hermoso ayuntamiento de Mariana

Andamos unos pasos más hasta llegar al otro gran edificio de la villa. La iglesia de San Pedro Apóstol (s. XIII) se encontraba cerrada, por lo que no pudimos entrar a observar su importante pila bautismal románica. Consta de dos elementos realizados en piedra, el vaso y el pedestal. El vaso tiene forma de semiesfera, destacando las figuras de arcos entrelazados y tréboles, estos últimos tiene también el pedestal, que posee planta circular.

El templo es de una sola nave con presbiterio recto y ábside semicircular. A pesar de haber sufrido un par de reformas en los siglos XVII y XX, conserva la estructura original de estilo románico popular o tardío. Merece la pena reseñar las dos portadas que posee. La del muro norte con arco de medio punto y la del muro sur con arco apuntado, ambos adovelados con portones de madera. También resalta la espadaña de dos cuerpos, el superior construido en sillería con dos arcos de medio punto para las campanas, estando rematado por un frontón triangular.

Plaza frente a la iglesia de San Pedro Apóstol

Tras asomarnos a la calle San Pedro para ver el ábside, que incluía saetera, seguimos paseando por la calle iglesia y la calle Eras Altas. Pasamos junto al salón de baile, lugar donde se celebra la Fiesta de la Patata, y es que esta localidad es conocida por la calidad en el cultivo de estos sabrosos tubérculos. Materia prima muy importante para el pueblo. De hecho, por esta zona contemplamos algún bello mural que hacía referncia a la citada celebración.

Mural de la Fiesta de la Patata en Mariana

Nos tocó hacer parada técnica. Era muy temprano y apenas habíamos comenzado a zascandilear por El Campichuelo. El restaurante Casa Abilio fue nuestro destino para reponer fuerzas con un rico café. Charlamos animadamente con nuestro guía, amigo y compañero de viaje, Alfonso Arjona, gran conocedor de la provincia de Cuenca. Nos estuvo contando las siguientes paradas de nuestro viaje por esta gran comarca, pero antes debíamos terminar de ver Mariana.

Subiendo la cuesta por la calle Real llegamos a la plaza del Alguacil, que alberga una pequeña zona de recreo con fuente, bancos y, lo más llamativo de todo, una solitaria mesa de ping pong, la cual imaginamos que habrá entretenido durante años a los jóvenes y no tan jóvenes de la villa.

Plaza del Alguacil con su mesa de ping pong

Poco tardamos en volver al coche para continuar el viaje. La siguiente parada estaba cerca, Sotos, capital del municipio de Sotorribas. Nos despedimos de Mariana encantados con la visita a esta digna entrada a El Campichuelo. Quizás sea buen momento de volver para las fiestas patronales en honor al Santísimo Cristo de la Salud, allá por el mes de septiembre. Es para pensárselo, cuanto menos.