Santa María del Campo Rus, donde pereció Jorge Manrique

Camino de la Mancha para visitar un pueblo muy especial. Santa María del Campo Rus no solo es conocido por ser la villa donde falleció el poeta Jorge Manrique tras ser herido en Castillo de Garcimuñoz, también lo es por su rico patrimonio religioso. Edificios como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita de la Virgen del Amparo o el convento de Trinitarios dan fe sobre ello. Todo esto aderezado con una fantástica comida en la Posada Real de Santa María. Mucho nivel.

Cómo llegar a Santa María del Campo Rus

La principal vía que atraviesa el pueblo es la CM-3110. Esta carretera nace en Castillo de Garcimuñoz para concluir en Las Mesas. Atraviesa localidades como Pinarejo, La Alberca de Záncara o Las Pedroñeras. También salen del núcleo urbano caminos que conducen hasta municipios cercanos como Honrubia o Villar de la Encina. Está muy bien comunicada, pues se halla a 15 km. de la A-3 y a 25 km. de la AP-36, dos importantes autovías que cruzan la comunidad autónoma. Posee una población de 607 habitantes (INE 2017). Pertenece a la comarca de la Mancha Baja de Cuenca.

Qué ver en Santa María del Campo Rus

Tras intrar de lleno en las amplias calles de la localidad, aterrizamos finalmente en la plaza Carlos Patiño. Aquí encontramos en el hermoso ayuntamiento, que también es Centro de Estudios Manriqueños. Alberga abundante bibliografía sobre el poeta, incluidas diversas monografías con ediciones especiales. También pueden contemplarse retratos o un políptico que repasa en imágenes la vida del poeta, obra de Víctor de la Vega. En la plaza nos topamos con otra curiosidad, una fuente que solo funcionaba con monedas. No lo habíamos visto nunca. Aparcamos.

Ayuntamiento y Centro de Estudios Manriqueños

Tomamos la calle Don Serafín hasta desembocar en la plaza Mayor, centro neurálgico de la población. Además de las elegantes casas señoriales, propias de la zona, dos son los puntos de interés fundamentales. El primero que observamos fue la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Construida en 1960, posee tres naves, de las cuales consta de mayor altura la central. Su fachada principal está precedida por una elegante escalera y flanqueada por varios árboles y arbustos. Consta de portada con arco rebajado y cornisa a dos aguas, además de cuatro ventanas con vidriera. La torre, de posterior construcción, posee tres cuerpos y está hecha de ladrillo.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

En el otro extremo de la plaza se ubica el monumento a Jorge Manrique. Es obra del escultor Manuel Alonso Reguilón y del pintor León Coullaut. Se levantó con roelas de piedra colocadas en espiral. De considerable altura, está rodeado de vegetación. Posee una escultura, una placa con el rostro del poeta y una alegoría sobre la muerte joven. Tras ser herido en Castillo de Garcimuñoz, Jorge Manrique fue llevado a Santa María del Campo Rus, donde estaba instalado su campamento militar. A los pocos días falleció, siendo el año 1479. Era capitán de las Hermandades de Castilla y luchó del lado de Isabel la Católica, frente a las tropas del marqués de Villena, Don Juan Pacheco.

Monumento a Jorge Manrique, en Santa María del Campo Rus

Seguimos por la avenida Doctor Espejel hasta el paseo de la Virgen. Agradable y floreada caminata hasta llegar a la ermita de la Virgen del Amparo, patrona de la localidad. Antaño fue hospital de sangre. Posee una sola nave con planta de cruz latina, cubriéndose el crucero con bóveda de media naranja sobre pechinas. Afortunadamente pudimos entrar al interior. Es un templo muy hermoso.

Interior en la ermita de la Virgen del Amparo

Después de asomarnos a la fuente que hay junto al templo, caminamos hacia el parque que se encuentra a escasos metros. Hicimos un rato el cabra en los columpios hasta que uno de los dos zascandiles se puso de barro hasta las rodillas tras montar en la tirolina. Espíritu joven.

Parque nevado en Santa María del Campo Rus

De vuelta a la plaza Mayor para tomar la calle Convento. Línea recta hasta desembocar en el convento de los Trinitarios, fundado en 1700. Actualmente solo se conserva la nave central, además de alguna parte de la cúpula y el crucero. Consta de una placa donde indica que Carlos Patiño, ilustre polifonista originario de la villa, recibió en el convento sus primeras lecciones de música. Entendimos por qué llevaba su nombre la plaza donde teníamos aparcado el auto.

Antiguo convento de Trinitarios

Junto al convento salía un camino que conducía a dos lejanos molinos. Desconocemos si pertenecían al termino municipal del pueblo o no. Quisimos acercarnos, pero, tras tomar el camino, abandonamos la idea al estar el terreno en malas condiciones por la reciente nevada. Eso sí, el paisaje muy bonito. Dimos media vuelta, ya era hora de comer. Nos esperaba la afamada Posada Real de Santa María y su deliciosa paella, ganadora del título a “Mejor Paella del Mundo” en 2013 y 2015.

Lejanos molinos sobre la nevada

Evidentemente, la experiencia merece un post aparte, aunque nos vemos en la obligación de contar que comimos de diez. Muy recomendable. Igual de recomendable que visitar la hermosa villa de Santa María del Campo Rus. Mucho encanto en sus espaciosas vías y sus monumentos. Volveremos, tanto por su patrimonio como por su gastronomía.