Poveda de la Obispalía, devoción por San Bernardino

Nos adentramos en el comienzo de la serranía de Cuenca, muy cerca de la Alcarria y la Mancha; aproximadamente en el centro geográfico de la provincia, dentro de los feudos obispales. Esta comarca aúna pueblos pequeños con mucho encanto, como del que hoy os hablamos. En Poveda de la Obispalía se pueden encontrar varios lugares de interés, donde sin duda destaca la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Cómo llegar a Poveda de la Obispalía

La forma más sencilla de llegar es tomando la carretera CUV-7043, que nace en la N-420 y desemboca en la CU-704, atravesando el pueblo que nos atañe, además de Villarejo Seco y Barbalimpia. Existe también una vía comarcal que conecta la villa con Huerta de la Obispalía. Se encuentra muy cerca de Cuenca ciudad, concretamente a 38 kilómetros. Es un barrio pedáneo del cercano municipio de Altarejos. Posee una población de 48 habitantes (INE 2016), los cuales profesan en su mayoría una gran devoción por San Bernardino, patrón de la localidad, cuyas fiestas se celebran el tercer fin de semana de mayo.

Qué ver en Poveda de la Obispalía

Llegamos desde el municipio de Zafra de Záncara, tomando después la carretera citada anteriormente. Nada más entrar en la localidad nos topamos con el cementerio, sorprendiéndonos después al comprobar que anexa se hallaba una ermita, concretamente la del patrón de la villa, San Bernardino de Sena. Se trata de una elegante construcción encalada donde lo más destacable es su portada con pórtico sobre columnas dóricas y la espadaña con frontón triangular.

Ermita de San Bernardino

Volvimos a montar en el auto y seguimos por la calle El Santo hasta llegar a la plaza de la iglesia, donde estacionamos. Antes de acercanos a ver el principal monumento de Poveda de la Obispalía, nos dedicamos a dar un tranquilo paseo por sus calles. Lo primero que hicimos fue buscar un bar, lástima que el único encontrado no estuviese abierto. Normal por otra parte, dado que fuimos en pleno invierno y no vimos apenas gente.

Tras asomarnos a la plaza del Ayuntamiento, decidimos poner rumbo a la calle Bajada de la Fuente, a través de la cual aterrizamos en la plaza de Abajo, donde observamos la coqueta fuente. Seguimos por la calle Arriba y la calle Nueva para completar un recorrido que hicimos en poco tiempo, pues el núcleo urbano del pueblo es de reducidas dimensiones. Aparecimos de nuevo en la plaza donde se halla la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

De estilo románico popular se trata de un templo que ha sido sometido a varias reformas, fruto de las cuales solo se conservan originales la planta de la nave, la portada y la espadaña, aunque esta última también ha sufrido alguna remodelación. Estos dos últimos puntos son los de mayor interés en la construcción. La espadaña consta de dos cuerpos. El inferior de mampostería con sillares en las esquinas y óculo con derrame. Separado por una cornisa se halla el superior. Está construido en sillar, abriéndose dos huecos de medio punto para las campanas. Está rematada por triángulo con pináculos de bolas en los laterales. La portada, situada en la fachada sur, se encuentra precedida por un pequeño recinto abierto con verja. Posee dos arcos adovelados de medio punto apoyados en cornisa. Consta de un recercado de puntas de diamantes, el cual, en su parte izquierda, concluye con dos esferas.

El coche nos esperaba para bajar por la carretera hasta el siguiente destino, pero, cosas del zascandileo, un paraje situado en la parte inferior de la localidad nos llamó la atención. Dejamos el auto estacionado momentáneamente en el camino para desplazarnos. Tuvimos que atravesar una tierra embarrada que nos puso perdidos. A mitad de camino ya pensábamos que no era buena idea, pero si se hace algo, se hace hasta el final. Llegamos a una especie de zona de recreo arbolada con una fuente y una prominente vegetación. Concluimos que debíamos controlar los impulsos zascandiles que nos dan, pues a veces conllevan al desastre, si no que se lo digan a las alfombrillas del auto, que terminaron rebosantes de barro.

Este es el paraje donde nos llenamos de barro

Con esta curiosa anécdota partimos de Poveda de la Obispalía. Un pueblo con dos hermosas construcciones religiosas que recomendamos visitar, a ser posible sin llenaros de barro como nosotros. San Bernardino nos dio una lección por zascandiles.