Pajares, el aguardiente y las ovejas

Retornamos al Campo de Ribatajada para seguir maravillándonos con su entorno y su románico popular. Esta vez nuestro destino se sitúa en Pajares, localidad que rinde homenaje a una deidad en forma de árbol. Es conocida por su Centro de Interpretación del Aguardiente, al igual que por su iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos. Seguimos disfrutando de los pequeños pueblos.

Cómo llegar a Pajares

Nos encontramos en la comarca de El Campichuelo. Para llegar a Pajares tomamos primero su carretera principal, la CUV-9116, que se bifurca en Torrecilla. Tras tomar el desvío de la CUV-9117, a los pocos kilómetros, aterrizamos en nuestro destino. Cuenta con una población de 41 habitantes (INE 2016), los cuales se hallan a 33 kilómetros de Cuenca ciudad. Pertenece al municipio de Sotorribas, junto con las localidades de Collados, Torrecilla, Ribagorda, Villaseca, Ribatajada (EATIM), Ribatajadilla y Sotos, estando en esta última el ayuntamiento.

Qué ver en Pajares

Un kilómetro antes de llegar al núcleo urbano realizamos una parada estratégica. Habíamos oído hablar sobre el conocido “Dios de Pajares”, por lo que teníamos que contemplarlo con nuestros propios ojos. No es usual este tipo de nombre para un árbol, pero sin duda lo merece. Se trata de un gigantesco roble de la especie Quercus Faginea, que está catalogado como Árbol Singular de Castilla-La Mancha. Podemos destacar su altura de dieciocho metros, así como sus 400 años de edad, sus cinco metros y medio de perímetro, o su gran tronco hueco. Toda una maravilla que merece la pena ser visitada.

Casas en Pajares

Una vez llegados a la villa de Pajares, aparcamos junto al Centro de Interpretación del Aguardiente, enfrente de la fuente del Cañillo. Este lugar nos explica cómo el aguardiente ha estado unido a El Campichuelo, cuya elaboración se hace con los recursos que ofrecen sus tierras. Los orujos extraídos de los campos de vid son el elemento base. Después llega la destilación, proceso complicado que protagoniza un artefacto esencial, el alambique. Consta de tres partes: la caldera, el capacete y el condensador. Nos hubiera encantado probarlo para comprobar este arte en primera persona.

Fuente de El Cañillo

Subimos la calle, alcanzando a escasos metros el edificio más importante del pueblo. Nos referimos a la iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos (s. XIII), de estilo románico popular. Posee una sola nave con presbiterio recto y ábside semicircular. En el exterior merece la pena destacar la espadaña rematada en forma de triángulo, así como su portada meridional con bello arco adovelado. Llama la atención en su interior el artesonado de madera, a la vez que la pila bautismal, que posee una elegante decoración. El retablo es de un estilo románico de transición al gótico y cuenta con escenas del Nacimiento. El templo ha sufrido reformas en los siglos XVII y XX.

Iglesia de Santo Domingo de Silos

Tras observar la joya de la corona, dimos un tranquilo paseo por el núcleo urbano. No hay mucho que relatar, hablamos de un pueblo con una superficie muy pequeña. A pesar de ello, además de llevar la siempre agradable compañía de nuestro amigo Alfonso Arjona, nos guardó la espalda en todo momento un considerable rebaño de ovejas. Estaban por todas partes. Lo nuestro con las ovejas ya es digno de estudio, sin duda el animal más zascandil.

Nuestras amigas las ovejas

Antes de movernos otra vez al auto, divisamos a lo lejos una pequeña construcción que nos llamó la atención. No teníamos constancia de que estuviese en el pueblo. Al llegar contemplamos una pequeña ermita, pero desconocemos si está dedicada a algún santo o santa, pues estaba cerrada y no vimos ningún letrero ni información que nos ampliase el conocimiento. Tras ello dimos la vuelta junto con nuestras amigas lanudas, para montar en el coche y seguir la ruta zascandil de El Campichuelo.

Ermita a las afueras de Pajares

Salimos de Pajares encantados con la visita. Alguna oveja se quiso meter en el maletero para zascandilear, no decimos más. Ya lo hemos comentado en alguna ocasión, esta tierra nos tiene ganados. Su siempre pacífico y agradable entorno natural se completa con unas construcciones austeras, pero llenas de encanto. En nuestra próxima visita al Campo de Ribatajada haremos lo posible por catar el aguardiente de la tierra. Seguro está de lujo.