La leyenda del lobo del Castillo de Cuenca

Apetece volver a relatar uno de los estupendos pasajes del libro “Historias y Leyendas de Cuenca”, de Miguel Tirado Zarco. En la primera edición hablamos sobre Viriato y la Ciudad Encantada, un fantástico relato que tuvo muy buena aceptación. Hoy toca desplazarse a la parte más alta de Cuenca ciudad, allí, en el barrio del Castillo habla la leyenda de un lobo muy querido por los vecinos. Como siempre, recalcar que todo el contenido de esta entrada viene sacado de este estupendo título. Muy recomendable.

“El lobo del Castillo”

Esta historia data de finales del siglo XIX, cuando un padre y su hijo salieron a buscar el rastro de una manada de jabalíes. De pronto advirtieron la presencia de una loba con su cachorro transportado en las fauces. Estaban saliendo de su cubil y, tras haberse alejado lo suficiente, decidieron asomarse por curiosidad. Allí encontraron otro lobato durmiendo plácidamente. Lo tomaron en brazos y decidieron esconderse por temor a una pronta vuelta de su madre. Así fue. La loba volvió y se desconcertó ante la falta de su cría. Padre e hijo esperaron hasta que la madre se distanció lo suficiente como para huir con el cachorro.

Cuando llegaron al barrio del Castillo fueron enseñándolo a todas las personas que se encontraban por el camino, causando gran admiración. En su familia fue recibido de muy buen grado, pues tenían la esperanza de tener un lobato para domesticarlo. Su abuelo tuvo uno antaño, pero desgraciadamente murió a los seis meses por una rara enfermedad. Por lo tanto, este fue acogido con los brazos abiertos. Hacía unos días que una perra suya había tenido tres cachorros, muriendo uno en el parto, así que decidieron que el lobato ocupase su lugar. Primeramente la madre no le aceptaba, de modo que tuvieron que amamantarlo con leche de cabra. Tras ver que el animal jugaba con los otros cachorros, la perra terminó por aceptarle.

Vistas panorámicas de la ciudad de Cuenca

Vistas desde el Castillo de Cuenca

De este modo, el lobato fue uno más del barrio, ganándose el afecto de todos los vecinos. A los meses ya era un animal hecho y derecho, con un tamaño considerable y un robusto pelaje. Aún así, seguía teniendo el cariño de todo el mundo, recibiendo un trato excelente cuando entraba a las casas. Un día desapareció, causando confusión entre la gente del barrio. Se pensó en una fuga con los de su especie, pero finalmente apareció con un jabato sujeto por la boca. La duda se sembró pensando en que el lobo se pudiese haber vuelto salvaje. Nada más lejos de la realidad, pues el animal continuó comportándose como siempre.

Otro día de nevada, salieron varios niños y niñas a jugar con la nieve. Algunos se escondieron en el bosque para esquivar los lanzamientos. De repente se escuchó un grito. Era una niña. Varios lobos aparecieron ante el terror de los pequeños. El lobo del Castillo, que iba con ellos, defendió a la niña fieramente lanzándose sobre los otros lobos, haciéndoles retroceder al final. Este hecho fue contado a las familias y desde entonces el animal fue aún más querido por su lealtad.

Macho de lobo en El Hosquillo

Pero la gran historia llega un día que salió con sus raptores, padre e hijo. Iban a cazar y el animal siempre les acompañaba. Una manada de lobos apareció ante ellos, por lo que ambos corrieron a una cueva cercana para refugiarse. Su leal lobo guardaba la entrada haciendo que los violentos animales no se acercasen. Se enfrentó a los lobos mediante zarpazos y bocados, hasta que un grupo de hombres llegó y con varios disparos alejaron a los lobos. Encontraron al animal muy mal herido, sintiendo aquel padre y aquel hijo una terrible tristeza, pues les había salvado de una muerte segura.

A los días falleció, no sin dejar una huella imborrable entre toda la gente del barrio. Durante muchos años se habló del lobo del Castillo y sus hazañas. Aquel lobato que se conviertió en uno de los animales más fieles que se han visto en Cuenca.