La Ventosa, completo patrimonio en la Alcarria conquense

Nos dirigimos hacia el este de la Alcarria conquense. Allí localizamos uno de los pueblos con mayor patrimonio arquitectónico de la comarca. La Ventosa cuenta con un buen número de edificios religiosos y civiles que deleitan al visitante. Algunos ejemplos: la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, la ermita del Calvario o el castillo de los Condes de La Ventosa. Salimos a zascandilear. Apetece.

Cómo llegar a La Ventosa

Se puede arribar de dos maneras a la localidad. Nosotros aterrizamos desde La Peraleja mediante la carretera CUV-2123, pasando por Villanueva de Guadamejud. Esta vía desemboca en el apeadero de Cuevas de Velasco. También es posible tomar la CUV-2121, que, tras nacer en el propio pueblo y atravesar Bólliga, concluye en Villar de Domingo García. Posee una población de 249 habitantes (INE 2016). Pertecenece al municipio de Villas de la Ventosa, encontrándose además el ayuntamiento en la propia localidad. Villarejo del Espartal, Valdecañas, Fuentesbuenas, Culebras y Bólliga completan los barrios pedáneos que conforman el citado municipio. La Ventosa se encuentra a 40 kilómetros, aproximadamente, de Cuenca ciudad.

Qué ver en La Ventosa

Aparcamos el auto en la plaza del Ayuntamiento, lugar donde se ubica el edificio homónimo, además de uno de los símbolos de la villa. Nos referimos a uno de los rollos de justicia mejor conservados de la comarca. De sección circular, se levanta sobre una serie de peldaños para coronarse, a modo de capitel dórico, con florón sobre cono. Primera manifestación del patrimonio que nos dejaba impresionados.

Rollo de Justicia en la plaza del Ayuntamiento

Continuó el trayecto por la calle Alta hasta la plaza del Penitente. Allí observamos una calle que subía hacia uno de los templos de La Ventosa. La ermita del Calvario posee unas dimensiones considerables. Realizada en mampostería encalada con sillares en las esquinas, se encuentra en uno de los dos puntos de mayor altitud en el núcleo urbano. Lástima que no pudiésemos acercarnos a la portada, pues una elegante verja nos impedía el paso. Consta de un hermoso Retablo Mayor de estilo barroco con hornacina de espejos.

Ermita del Calvario, en La Ventosa

Tras dar la vuelta sobre nuestros pasos por la calle Nazaret, llegamos a la calle San Antón y tomamos un camino que nos condujo hasta otra ermita, en este caso la de la Virgen de la Paz y San Antón. Bastante más sencilla que la anterior. Dimos la vuelta de nuevo para subir hasta la construcción civil más importante de la villa.

Ermita de la Virgen de la Paz y San Antón

Del castillo de los Condes de La Ventosa, localizado en el otro punto elevado del pueblo, se conservan pocos restos, pero todavía disfrutables. Parte de los muros exteriores, así como la base los torreones, son lo más reseñable. En lo que fue en su día la fortaleza, se levantaron en el pasado siglo las escuelas. A día de hoy se encuentran también en estado de abandono.

Restos del castillo de los Condes de La Ventosa

Comenzamos a bajar dejando a nuestra izquierda el frontón y la pista de fútbol, y a nuestra derecha la farmacia y el centro de salud, ubicados en la calle Álvarez de Toledo. Aterrizamos junto a la mejor manifestación de arquitectura popular en toda La Ventosa. La Casona es una hermosa vivienda de dos pisos con una rejería digna de admirar. No vamos a negarlo, teníamos un ojo mirando en otra dirección, pues a escasos metros se encuentra el templo más importante de la localidad.

La Casona, importante edificio popular de La Ventosa

Por supuesto nos referimos a la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción (s. XVI). Posee una sola nave con planta de cruz latina dvidida en cuatro tramos. En el exterior destaca su portada norte con arco de medio punto y triple banquetón, así como la torre de tres cuerpos. El interior es digno de admirar, no solo por su pila bautismal, sino por sus ocho altares: el Retablo Mayor, el de San José, Del Cristo Crucificado, de San Sebastián, de Santa Ana, de la Dolorosa, de las Ánimas y del Niño Jesús. Digna de visitar, sin duda.

Portada de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción

Tomamos la calle Inmaculada Concepción hasta desembocar en la plaza de Don Juan García Gorgojo, un espacio muy amplio donde se nos apareció una gran luz. En realidad era el bar Mari Carmen, pero para nosotros fue una bendición. Tomamos unos refrigerios que nos supieron a gloria, mientras un perro precioso nos rondaba para que le diésemos algo de comer. Otro gran momento de la excursión.

De este modo, tras tomar la calle Empedrada, retornamos al coche para desplazarnos a nuestra querida Horcajada. Ya se hacía de noche y el día de zascandileo concluía. Se nos ocurren pocas maneras mejores para terminar una jornada. Visitar esta recomendable villa es algo verdaderamente interesante. Su completo patrimonio no defraudará a nadie.