El Provencio, abriéndose paso en el turismo conquense

Iglesia de El Provencio

Hace tiempo que manteníamos conversaciones via email con la oficina de turismo de El Provencio. El intercambio de información se realizaba a través de un trato muy cercano y generoso. Todo apuntaba en una dirección, teníamos que visitar la localidad. Así pues, nos desplazamos a la Mancha y por fin pudimos poner cara a Delia, la encargada de enseñarnos las bondades del municipio. Tuvo de todo. Patrimonio, historia, cultura y vino. Más no se puede pedir.

 

Cómo llegar a El Provencio

Nosotros llegamos por la N-301 desde Mota del Cuervo, atravesando municipios como El Pedernoso o Las Pedroñeras. Esta vía circula desde Ocaña (Toledo) hasta Cartagena (Murcia). Por su término municipal transcurre la AP-36, autovía de peaje cuyos extremos son La Roda (Albacete) y Ocaña. Por mitad de su núcleo urbano va la carretera CM-3110, que nace en Las Mesas para desembocar en la A-3, cerca de Castillo de Garcimuñoz. El Provencio tiene una población de 2505 habitantes (INE 2016), cuya principal actividad económica es la agricultura, destacando los cultivos de vid, cereal, oliva y ajos. Nos encontramos en la comarca de la Mancha Baja.

 

Qué ver en El Provencio

Llegábamos un poco con la hora pegada. En la casa de la cultura nos esperaba Delia. Llegamos los dos solos, pero tenía trampa la cosa. Dejamos a Natalia y Sara, las más zascandiles del lugar, tomándose un refrigerio mientras nosotros acudíamos al compromiso. Tras las respectivas presentaciones, Delia nos enseñó los tesoros que guardaba aquel inmueble. Primero un antiguo molino eléctrico o el escudo del señorío en un gran trozo de piedra. Pasamos al museo Etnológico. Con a penas unos meses de vida, ya tenía una buena cantidad de objetos, gran parte donada por los vecinos. Una máquina de hacer pasta, una cama de finales del siglo XVIII, una simulación de pajar, utensilios de distintos oficios, un detente bala, que era una tela donde se guardaba una estampa para que volviesen los hombres de la guerra; utensilios de bodega tipo laboratorio o el libro de un granero de 1798. Muy interesante.

Granero en el museo Etnográfico de El Provencio

Llegó José Manuel, concejal del municipio, para enseñarnos el centro de interpretación del Paleolítico Inferior y Medio. Nos estuvo hablando de los restos que se habían encontrado por el término municipal de El Provencio, los cuales eran de gran importancia, pues hacían tambalear las fechas en que hasta ahora se movían los expertos. Estos puntos donde se ha excavado y hallado materiales corresponden en buena medida con explotaciones de canteras. Así pues, pudimos ver expuestos restos de Neandertales y de animales. Realmente intersante. Cuando fuimos todavía faltaban algunos flecos para que el centro de interpretación estuviese al 100%. A día de hoy estamos convencidos de que es toda una pasada.

Salimos a la calle para que José Manuel nos mostrase uno de los proyectos más vistosos y enriquecedores del pueblo. Nos referimos a las pinturas murales que podemos observar en diversos puntos de la villa. Edificios que anteriormente no eran agradables a la vista, se han decorado con grafitis que encajan perfectamente con el entorno. En la avenida de la Libertad caminamos hasta el río Záncara, que se encontraba seco en aquellas fechas. En los extremos, un puente de estilo neoclásico y el puente del Rey. A lo largo del paseo fluvial pudimos contemplar varios murales en las paredes. Todos tenían un tema en común: las aves. Una gran idea para revitalizar una zona que no se encontraba en buen estado.

Pinturas murales el en paseo fluvial de El Provencio

Nos despedimos de José Manuel para seguir caminando hasta la plaza de los Alcaldes, lugar donde minutos antes esperamos como lerdos a aparcar, hasta que un simpático hostelero nos dijo que llevaba un tiempo aguardando él para hacerlo mientras tenía el coche en doble fila. Cosas que pasan. Podemos destacar en este espacio el vistoso ayuntamiento de la localidad o el pósito real, que actualmente alberga el centro social polivalente. Otro bello mural decora una fachada cercana.

Ayuntamiento de la localidad

Por la calle de la Torre llegamos a la manifestación arquitectónica más importante de El Provencio. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (s. XVI) es un imponente templo que destaca por sus dimensiones y por las elegantes bóvedas nervadas que posee. Su Altar Mayor fue destruido en la Guerra Civil. Delia tuvo el gran detalle de dejarnos subir al campanario para hacer fotografías. Uno de los dos zascandiles se quedó abajo debido al tema de las palomas, que le repugnan soberanamente y, tras preguntar, se le advirtió de que abundaban por semejantes alturas.Ya por aquel entonces se unió la compañera de Delia en la oficina de turismo, de cuyo nombre, pidiendo mil y una disculpas, no nos acordamos. De lo que sí nos acordamos era de su simpatía y amabilidad.

Vista privilegiada de El Provencio

Tras salir, Sara y Natalia, cansadas de esperar en el bar, se incorporaron al grupo. Ya sumábamos seis personas. Buena tropa zascandileando por El Provencio. Caminamos por la conocida calle de la Arena, donde se ubicaban antiguamente las caballerizas. Paseamos contemplando algunas casas señoriales, las cuales constaban de una elegante rejería. Algunas de ellas, según nos contó Delia, poseían cuevas subterráneas en su interior. Las mejores despensas que puede haber.

Más hermosos murales en las fachadas de la villa

Llegamos por fin a la ermita de San Antón, en el barrio homónimo. Según cuenta la tradición, en 1901, despues del día de San Antón, el templo se vino abajo por completo, lo cual se consideró un milagro pues, de haber sido el día anterior, hubiera cogido a buena parte del pueblo en su interior, ya que era fecha señalada. Este edificio religioso ocupaba la manzana entera y, tras pedirle ayuda al párroco y negarse finalmente, un buen hombre compró la manzana entera y donó el actual espacio para que se construyese de nuevo la ermita. Es un coqueto templo de reducidas dimensiones.

Ermita de San Antón en El Provencio

Ermita de San Antón (El Provencio)

Delia nos comentó que no podíamos irnos sin probar el plato estrella del pueblo: las langostas. Nos contó que adquirió hace años mucha fama ese plato oriental, lo cual nos dejó bastante extrañados. Siempre con la mosca detrás de la oreja, pero preparados para comerlas en caso de ser cierto. Finalmente eran unas sabrosísimas patatas que degustamos ferozmente. Mientras tanto, charlamos distendidamente sobre la visita y la vida. Uno de los temas de conversación fue la ermita de San Isidro, a la cual no pudimos acudir por falta de tiempo. Pero como vamos a volver, ningún problema. Así culminábamos una tarde deliciosa.

Las conocidas “langostas” que estaban muy ricas

De este modo nos despedimos agradeciendo en el alma el comportamiento y la atención de estas dos maravillosas mujeres de El Provencio. Encima tuvimos una gran regalo, dos botellas de vino Canforrales, de la excelente bodega Campos Reales. Broche de oro. Mil gracias. Así pues, nos ofrecieron una visita espectacular a un pueblo que quiere abrirse paso entre el importante turismo de la región. Bien lo merece. Y no tenemos dudas de que conseguirá excelentes resultados, pues hablamos de un pueblo que se mueve muy bien y organiza eventos de primera línea como su Feria del Comic. Auguramos un futuro genial. Estaremos siempre pendientes para apoyar en lo que haga falta.