La Cueva del Tío Manolo, zascandiles espeleólogos

Cueva del Tío Manolo

Todo comenzó con un comentario en Instagram. Eduardo García Ballesteros (@edu_qnk) es un estupendo fotógrafo conquense aficionado a la espeleología. En una de sus espectaculares instantáneas le pusimos un comentario y nos invitó a comprobar, de primera mano, cómo de desempeña en este fabuloso arte. Solo nos faltaba el equipo adecuado para introducirnos a la aventura. Ahí apareció nuestro amigo Álvaro Alfaro, de Geaventura, para prestarnos muy generosamente el material. Todo preparado, destino cueva del Tío Manolo.

 

Cómo llegar a la Cueva del Tío Manolo

Se encuentra en el municipio de Uña, en plena serranía Alta de Cuenca. Nosotros partimos de la capital tomando la carretera CM-2110, que a los pocos kilómetros empalma con la CM-2105. Esta vía nos lleva directos a la localidad tras pasar pueblos como Villalba de la Sierra o parajes naturales tan conocidos como el Ventano del Diablo. Antes de entrar en el núcleo urbano de la villa, tomaremos un camino de tierra que sale a mano izquierda y lo recorreremos durante un buen rato hasta desembocar en una espaciosa explanada. Es recomendable llevar vehículo 4×4, pues hay partes del camino difíciles de sortear. Una vez estacionado el auto, toca subir la imponente cuesta que nos llevará hasta una zona de rocas por las que iremos desplazándonos hasta el comienzo de la cueva.

 

Espeleología en la Cueva del Tío Manolo

Tuvimos el gran placer de que nuestros amigos Pablo Paniego y David Matas nos acompañasen en esta excursión. Lo primero que hicimos fue ir al punto de encuentro, es decir, al Espacio Pachamama, en Cuenca ciudad, donde nos juntamos toda la tropa para ponernos el material de espeleología. Álvaro Alfaro y su equipo de Geaventura nos fueron asignando los monos, los cascos y las botas para ponernos a punto en lo referente a la exploración de cuevas naturales. Allí apareció más gente asidua al Espacio Pachamama, incluidos fans de la escalada que entrenan y se divierten en el rocódromo Bulder QNK. También, por supuesto, el protagonista de la excursión, Edu, que llegó con todo el material fotográfico.

Partimos con los coches hacia la localidad de Uña y, tras dejar los vehículos en el espacio anteriormente citado, comenzamos el ascenso hasta la entrada. El camino de subida es duro, pero merece la pena. Finalmente llegamos al inicio de la cueva del Tío Manolo. Poco a poco, de uno en uno, fuimos bajando con cuidado. Es necesario reseñar que la dificultad es baja, pero resulta preferible tener una condición física cuanto menos decente para desplazarse en algunos tramos.

Lo más complicado es el inicio. Tendremos que descender por espacios con buena pendiente, aunque no hay que preocuparse, pues en los tramos más complicados existen cuerdas ancladas para agarrarnos y no sufrir ningún mal. Importante llevar encima lo menos posible, es decir,  recomendamos abstenerse de móviles, carteras, llaves, etc., pues nos desplazaremos y arrastraremos en varias ocasiones por suelo mojado, debido a la humedad que hay en la cueva. Ocasionarán seguro incomodidad.

Nosotros era la primera vez que hacíamos espeleología y desde el primer momento notamos lo excitante de la actividad. Ya no solo por el desempeño en los espacios más complicados, si no por las espectaculares vistas que existen en todo momento. Daba gusto ver las caprichosas formaciones de estalactitas y estalagmitas que abundaban en la caverna. Tras un rato de descenso y uso de cuerdas, por fin llegamos a suelo firme, donde empezaba la parte que se realiza caminando recto.

Tras comprobar cómo el suelo parecía de arena de playa y dejarnos sorprendidos, el maestro comenzó a montar el set de fotografía. Edu pasaba a la acción. Debemos mencionar que nos dejó con la boca abierta todo el trabajo que requiere la espeleofotografía. Montar la cámara sobre el trípode, ajustarla a los parámetros adecuados del espacio o colocar los flashes estratégicamente para jugar con las luces, son algunos de los puntos a tener en cuenta cuando se emprende esta actividad. Tras los primeros posados llegaba la oscuridad, el silencio sepulcral y los primeros disparos, cuyos resultados eran sencillamente magníficos.

Seguimos caminando sorteando rocas y algunos desniveles, pero sin demasiada dificultad. Finalmente llegamos hasta una parte más amplia donde comenzaba la zona de agua que nos impedía seguir avanzando. Ante nosotros aparecía una rampa plagada de grandes rocas que habilitaban la entrada en una nueva sala superior. Algunos valientes nos atrevismos a subir, aunque hay es necesario dejar patente que es más complicada que los tramos anteriores. El que acceda debe hacerlo bajo su propia responsabilidad, siempre con la prudencia y el material adecuado.

Tras realizar Edu algunas fotografías más por esta zona exploramos un poco la sala superior, donde se estrechaba el camino y había accesos más complicados con cuerdas. La cueva del Tío Manolo es realmente profunda, por lo que no tardamos en dar la vuelta y reunirnos todos para emprender el retorno, ya que entre unas cosas y otras llevábamos un buen tiempo en el interior de la cavidad subterránea.

En el camino de vuelta nos hicimos una fotografía zascandil de rigor para tener un estupendo recuerdo de la excursión. También Álvaro nos invitó a esparcirnos la arcilla que había en las paredes de la cueva por la cara, ya que posee unas propiedades muy buenas. La salida resultó más complicada que la entrada, pues era cuesta arriba y se debía emplear más fuerza en los apoyos con las cuerdas. A pesar de ello nada complicado. Salimos de la cueva encantados y con la cara pintada como los mohicanos, más no se podía pedir.

Solo nos queda agradecer a Álvaro Alfaro y a su equipo de Geaventura por prestarnos el material y guiarnos por esta magnífica aventura. También dar las gracias a Edu por orquestar esta quedada y ofrecernos el maravilloso espectáculo de la espeleofotografía, es realmente un verdadero artista. Todo un profesional. Aprender y disfrutar, así da gusto. Todos los allí presentes nos ayudaron en todo momento a estos novatos zascandiles. Mil gracias.

Nos despedimos recomendando esta estupenda actividad. Ya sabéis, si os pica la curiosidad con Geaventura tenéis la diversión y la profesionalidad garantizadas. Nosotros quedamos encantados y con el gusanillo de la espeleología ya metido en el cuerpo. Estamos preparados para la siguiente.