El Crimen de Cuenca

Noche en Tresjuncos, Cuenca

Tiempo atrás, no eran pocas las personas que únicamente conocían esta provincia por un espeluznante suceso ocurrido a principios de siglo. El famoso “Crimen de Cuenca”.

La historia gira en torno a José María Grimaldos “El Cepa”, natural de Tresjuncos y pastor en la finca de Francisco Antonio Ruiz, en el vecino municipio de Osa de la Vega. En agosto de 1910 “El Cepa” desaparece tras vender unas ovejas de su propiedad.

Comienza entonces a desatarse una serie de rumores y acusaciones sobre dos personas: León Sánchez y Gregorio Valero, mayoral y guarda, respectivamente, de la finca propiedad de Francisco Antonio Ruiz. Según los familiares de “El Cepa”, este era objeto de mofa y burlas en referencia a su escaso intelecto. Debido a estas infundadas acusaciones, el caso es trasladado al juzgado de Belmonte, que, en septiembre de 1911, tras prestar declaración León y Gregorio, sobreseyó la causa.

El curso de los acontecimientos sufre un inesperado giro cuando Emilio Isasa Echenique aterriza en el juzgado de Belmonte y, tras hacer oídos a los constantes comentarios, decide reabrir el sumario en abril de 1913. León y Gregorio son detenidos y es entonces cuando da comienzo su martirio. A manos de la Guardia Civil sufrieron palizas y torturas que, pese a negarlo por un tiempo, hicieron que se confesasen culpables de haber matado a “El Cepa”. Así, se levantó acta de defunción tras explicar, sin poder soportar más, cómo trocearon el cuerpo y se lo dieron de comer a una marrana para, posteriormente, quemar los huesos sobrantes.

En este periodo se centra la recomendable película “El Crimen de Cuenca”, dirigida por Pilar Miró y por la que sufrió un procesamiento militar. Era el año 1980 y el film no se pudo estrenar puesto que no consiguió licencia de exhibición al entenderse algunas escenas constitutivas de delito de injurias para con la Guardia Civil. Tras un año y medio retenida, la película se estrenó en agosto de 1981 con gran éxito, de hecho fue la más vista en España ese año. Es el único film español prohibido durante la democracia tras desaparecer, en 1977, la censura.

Siguiendo con la trama, en mayo de 1918, tras remitirse diligencias a la Audiencia Provincial de Cuenca, se celebró el juicio que condenó a 18 años de cárcel a León y Gregorio. Cumplieron 11 y salieron con libertad condicional. Regresaron a un entorno brutal en el que quedaron marcados a fuego como asesinos y donde ni siquiera sus familias, enfrentadas desde entonces, creían al cien por cien en su inocencia.

La historia sufre un vuelco radical cuando, en febrero de 1926, el párroco de Tresjuncos recibe una misiva del párroco del cercano municipio de Mira. En ella solicitaba la partida de bautismo de José María Grimaldos, puesto que este quería contraer matrimonio. Por aquel entonces existía cierta rumorología sobre si “El Cepa” seguía vivo, incluso los niños preguntaban si “los espíritus también comían gachas”, en clara referencia al pastor. A pesar de ello, el cura no contestó la carta ni denunció nada referente a ella. Cansado de esperar respuesta, el interesado se presenta en Tresjuncos para pedir la partida. El escándalo alcanzo pronto una enorme magnitud y el juez de Belmonte ordenó su detención para después destaparse el revuelo del que se hicieron eco todos los medios de España. El Ministro de Gracia y Justicia se vio obligado a revisar la causa interponiendo recurso ante el Tribunal Supremo. En julio de 1926, la sentencia declara la inocencia de León Sánchez y Gregorio Valero. La explicación que dio “El Cepa” a su desaparición, tras años ejerciendo de pastor por otros pueblos, fue que le dio “un barrunto”. Como podemos comprobar estamos ante un ser humano más bien corto de entendederas.

El periodo posterior a la sentencia continua siendo realmente turbio. El párroco de Tresjuncos y el juez Isasa Echenique aparecen muertos en extrañas circunstancias. La guerra entre las familias seguía a flor de piel, puesto que en Osa de la Vega aseguraban que la familia de “El Cepa” tenía conocimiento de que seguía con vida, negando en Tresjuncos tal cosa. Finalmente, el Estado trató de compensar a León y Gregorio con un trabajo como guardas en el parque de “El Retiro” y, más tarde, se les adjudicó una pensión vitalicia de 3000 pesetas anuales con efecto retroactivo de cinco años. Era el año 1935.

Hasta aquí la historia de uno de los mayores errores judiciales ocurridos en nuestro país. Una historia que a pesar de lo increíble que parece, fue real. Una historia de miserias, mentiras, envidias, odio, incompetencia, brutalidad, sadismo, injusticia y venganza. Una historia, la de “El Crimen de Cuenca”, que, a día de hoy, sigue poniendo los pelos de punta.