Castillo de Garcimuñoz, el inaccesible Jorge Manrique

Tuvimos la suerte de visitar Castillo de Garcimuñoz tras una intensa nevada. Sus campos se encontraban totalmente cubiertos por una preciosa capa blanca. Un marco inmejorable. Habitada por musulmanes, judíos y cristianos, la villa asombra de entrada al visitante con su impontente castillo/iglesia. Se respira aire medieval mientras se pasea por sus calles repletas de casas señoriales y edificios históricos. En las afueras un monumento dedicado al ilustre literato Jorge Manrique, herido mortalmente en la localidad.

Cómo llegar a Castillo de Garcimuñoz

Es tarea sencilla, puesto que hablamos de un municipio excelentemente comunicado. Se encuentra junto a la autovía de Valencia o A-3. Desde Madrid nos encontraremos su desvío tras pasar algunas salidas como Montalbo, Zafra de Záncara o La Almarcha, esta última a escasos kilómetros de la villa. Llegando desde Valencia pasaremos desvíos como el de Alarcón, Honrubia o Atalaya del Cañavate. Otra vía bordea su núcleo urbano, naciendo desde la autovía, nos referimos a la CM-3110, que atraviesa los pueblos de Pinarejo, Santa María del Campo Rus, La Alberca de Záncara y Las Pedroñeras, hasta desembocar en Las Mesas. Sin duda otra de las principales carreteras del sur de Cuenca. Posee una población de 145 habitantes (INE 2017). Pertenece a la comarca de la Mancha, concretamente la Mancha Alta, aunque cercana a los límites de la Serranía y la Manchuela.

Qué ver en Castillo de Garcimuñoz

Desde varios kilómetros a la redonda se divisa la imponente silueta del Castillo de Garcimuñoz. La actual fortaleza fue reconstruida por Don Juan Pacheco, marqués de Villena, en el siglo XV. Lo hizo sobre el antiguo alcázar que llegó a habitar el infante Don Juan Manuel, autor de la célebre obra “El Conde Lucanor”. Su poderosa estructura exterior se conserva bien, destacando en las esquinas sus cuatro cubos de planta circular. Merece la pena reseñar la magnífica portada de estilo gótico isabelino. Consta de una orla ornamental realizada en sillería. El patio interior fue utilizado como cementerio hasta el siglo XX.

Estructura exterior del castillo de Garcimuñoz

La mayor peculiaridad de esta fortaleza es que alberga en su interior la iglesia de San Juan Bautista (s. XVIII). Se levantó en una de las salas del castillo tras el hundimiento de la iglesia de San Juan a mediados del siglo XVII. La portada se encuentra en el muro sudoeste, quedando construida la torre cuadrada en el cubo orientado hacia el lado este. Posee planta de cruz latina con bóvedas de lunetos, excepto la central del crucero, vaida. Sin duda uno de los edificios más interesantes de la provincia de Cuenca.

Iglesia parroquial de San Juan Bautista

Aparcamos cerca del gran monumento para tomar la cercana calle Corredera. Importante arteria del patrimonio civil de la localidad, pues alberga algunas casas señoriales y escudos de alabastro. Al final de la calle el antiguo convento de monjas agustinas, hoy separado en varios inmuebles destinados a vivienda.

Casa señorial de Castillo de Garcimuñoz

Torcimos por calle Rua hasta la plaza del Pósito. Alberga el ayuntamiento de la localidad. Consta de dos pisos con balconada semicircular. Cruzamos hasta la cercana plaza de la Cruz Verde y seguimos por la calle Conventos. Salimos hacia un punto muy cercano a donde nos desviamos anteriormente. Se nos había pasado contemplar el primer monasterio de frailes agustinos que hubo en la provincia de Cuenca. Fue fundado por el, anteriormente mencionado, infante Don Juan Manuel y su esposa la infanta Doña Constanza en 1326.

Antiguo monasterio de frailes agustinos

Seguimos por la calle La Virgen, adentrándonos en el barrio judío, muestra de ello es el antiguo hospital y sinagoga, posteriormente convertida en iglesia de la Concepción, que existe en esta vía. Convivieron cristianos y judíos en paz, llegándose a llamar la villa por algunos “Garcijudea”. Continuamos por la calle Puerta del Sol, maravillándonos con el horizonte nevado  que se extendía ante nosotros. Caminamos poco tiempo hasta divisar un pequeño promontorio con algunas ruinas.

Vistas nevadas de los alrededores de la villa

Se trata del cerro de San Juan, lugar donde antaño estaba ubicada la anteriormente citada iglesia homónima. Existe un camino asfaltado que nos conduce a la cima. Si antes nos íbamos maravillando con las vistas nevadas, desde el mirador casi nos desmayamos. Está coronado por una antigua construcción con forma de arco.

Arco situado en el mirador del cerro de San Juan

Descendimos de nuevo hasta caminar por calles como La Fuente o Romeral Bajo. Estas vías forman parte del antiguo barrio árabe. Tres culturas habitaron Castillo de Garcimuñoz, lo cual, indudablemente, le confiere a la villa un carácter muy especial. Tras continuar maravillándonos con el paisaje nevado, decidimos volver al auto para poner rumbo a la Cruz de Jorge Manrique. Se halla a tres kilómetros de la localidad por el conocido como camino de la Nava. Poco tardamos en desechar la idea. La nieve hacía peligrar la expedición, por lo que prometimos regresar a no mucho tardar para ver el monumento.

Vistas desde el mirador

También nos tocará ver alguna de las fuentes como Alcázar, de Abajo o del Berro. Seguro que merecen la pena. Por el momento nos tuvimos que despedir de este encantador pueblo. Recomendamos la visita a todos los zascandiles, además no hay excusa porque está muy bien comunicado. Su patrimonio arquitectónico no defraudará a nadie. Nosotros, de momento, le debemos una a Jorge Manrique.