Collados, el San Antonio más íntimo

A comienzos de año realizamos una interesante ruta por la comarca de El Campichuelo. La teníamos un poco olvidada y no podía ser. Tuvo la deferencia de acompañarnos el “tercer zascandil”, nuestro buen amigo Alfonso Arjona.  Visitamos un buen número de localidades, y la primera que ve la luz es Collados. Como ya sabéis, para nosotros la extensión es lo de menos. Este pueblo posee varios lugares de interés entre los que se encuentra su iglesia parroquial de la Concepción, de estilo románico popular.

Cómo llegar a Collados

Desde la carretera CM-2105, una de las más conocidas de la serranía conquense, nace el desvío para incorporarnos a la CUV-9116. Esta vía discurre por la comarca de El Campichuelo pasando por numerosos pueblos desde Mariana hasta La Frontera. Pertenece al municipio de Sotorribas junto con las siguientes localidades: Sotos (donde se ubica el ayuntamiento), Torrecilla, Pajares, Ribagorda, Villaseca, Ribatajada (EATIM) y Ribatajadilla. Posee una población de 40 habitantes (INE 2016), los cuales se encuentran muy cerca de Cuenca ciudad, concretamente a 26 kilómetros.

Qué ver en Collados

Antes de estacionar el auto, nos paramos a observar el clásico cartel informativo que poseen los pueblos de la serranía de Cuenca. Tras conocer los puntos de interés de Collados, apareció asomado a la carretera el primero de ellos. Antes aparcamos en la calle Plaza y aprovechamos para beber agua en su fuente. Clásico pilón en el que se puede echar a los forasteros o aquellos vecinos que matengan un comportamiento erróneo. Muy cerca un enorme olmo que otorga mucho poderío al espacio el cual gobierna. Unos metros más adelante nos paramos a contemplar la principal maravilla de la localidad, esa que mencionamos antes asomada a la carretera. Nos referimos a la iglesia parroquial de la Concepción (s. XIII).

El pilón de Collados

Este templo guarda en su interior la venerada imagen del Santo Niño, el cual vive su fiesta el tercer domingo de enero. Es una construcción perteneciente al conocido “románico popular”, un estilo bastante común en los edificios religiosos de esta comarca. A pesar de lo austero que puede parecer en la decoración, sintoniza a la perfección con el entorno natural que lo rodea. Podemos destacar a simple vista su portada de dovelas formando arco de medio punto o su hermosa espadaña triangular con dos troneras para las campanas.

Iglesia parroquial de la Concepción, en Collados

Subimos por la calle Castillo para llegar a otro de los sitios que debemos visitar si estamos en Collados. La ermita de San Antonio es un lugar muy especial que sigue la tónica del propio pueblo, las dimensiones son lo de menos. Y es que este espacio apenas ocupa el metro y medio cuadrado. Nos estábamos asomando por la rendija que permite observar su interior, cuando una amable muchacha nos comentó si queríamos verla por dentro. Tras responderle afirmativamente entró en una casa cercana a por las llaves y nos abrió mostrándonos un pequeño museo de tallas sobre el santo. Es probablemente la ermita más pequeña en la que hemos estado, casi no entrábamos los tres dentro, pero se notaba que es un lugar importante en el pueblo. Tanto es así que nada más salir apareció una señora portando una vela para dejarla en su interior.

Ermita de San Antonio, en Collados

Tardamos muy poco tiempo en patearnos el núcleo urbano, su pequeña extensión hizo que volviésemos rápido al auto, pero el destino nos guardaba una nueva aventura. Al salir por la carretera, cuando finalizan las casas, aparece un camino a mano derecha que señaliza el mirador de Collados. Por supuesto, nos lanzamos a él en busca de una buena fotografía de portada. Ante la falta de carteles que continuaran indicando el lugar, tiramos de intuición. Cómo no, fracasamos. En pocos minutos nos vimos engullidos por un camino que parecía no terminar nunca y mucho menos conducir a un mirador. Por lo que abandonamos la idea tras dudar un par de veces en algunas intersecciones. Tendrá que esperar. Eso sí, mereció la pena solo por contemplar el magnífico paisaje que envuelve esta zona.

No cabe duda de que los pueblos ganan mucho con un entorno natural bonito. Eso mismo le sucede a Collados. Cada brizna de aire que respiras es un gustazo. Estamos convencidos de que vivir en lugares así te alarga la vida. Nosotros siempre nos dejaremos caer por El Campichuelo para, al menos, evitar que la ciudad nos la reduzca. Disfrutar esta comarca y, más específicamente, Collados merece la pena. Lo pequeño es perfecto.