El Hayedo de Tejera Negra

Nos desplazamos al Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara para visitar una de las maravillas naturales que posee Castilla-La Mancha. Hablamos del Hayedo de Tejera Negra, uno de los más meridionales de toda Europa. La conocida senda de Las Carretas fue la ruta escogida. Seis kilómetros en los que disfrutamos la naturaleza en todo su esplendor. Ir en otoño ayuda bastante, esos tonos amarillos y rojos no se olvidan fácilmente.

Cómo llegar al Hayedo de Tejera Negra

Nosotros llegamos desde Madrid tomando la autovía A-1 hasta la localidad de Cerezo de Abajo. Allí nos desviamos por la N-110 para después tomar la carretera SG-145. Por esta vía bajamos hasta la CM-1006, por la que circularemos hasta tomar dirección Cantalojas, pueblo en cuyo término municipal se encuentra el Hayedo. También es posible llegar por la A-2, pasando por la ciudad de Guadalajara y después cogiendo la carretera CM-101 hasta el pueblo de Fuencemillán, donde nos desviaremos hacia la CM-1001. Pocas decenas de kilómetros más adelante tomaremos la carretera CM-1006, que seguiremos hasta, de nuevo, desembocar en Cantalojas. Se incluye en la comarca de la serranía de Guadalajara, ubicándose en el noroeste de la provincia. Se halla en la vertiente este del macizo de Ayllón, perteneciente al Sistema Central, cerca de la frontera con Segovia.

Qué ver en el Hayedo de Tejera Negra

Es obligatorio hacer reserva en otoño. Recomendable el resto de épocas del año. El aparcamiento tiene un precio de 4€ para turismos y 2€ para motos. El Hayedo de Tejera Negra tiene dos sendas circulares para recorrer a pie: la senda del Robledal, de 17 km., y la senda de Las Carretas, de 6 km. También existe un ruta en bicicleta, la del río Zarzas (21 km.). Dado que no estamos en un estado de forma excepcional, decidimos realizar la corta.

Tras pasar el núcleo urbano de Cantalojas, aterrizamos en el Centro de Interpretación del Parque. Allí, tras comprobar que estábamos en la lista, nos abrieron el paso para llegar al parking de la senda de Las Carretas. El trayecto se hace por un camino de tierra de unos 8 kilómetros de largo. Dejamos el auto aparcado y nos dispusimos a tomar energías con un bocadillo. Tuvimos mucha suerte en esta excursión, pues las más zascandiles del lugar, Natalia y Sara, nos acompañaron.

Tras terminar el almuerzo y recoger debidamente todos los restos, salimos a caminar. Partimos de una fuente y unos paneles informativos que marcan el inicio. En la primera parte del trayecto fuimos en paralelo del río Lillas, con escasez de agua debido a la terrible sequía que estamos sufriendo. Esta zona es sobre todo de pasto. Tras cruzar un pequeño arroyo nos adentramos en la zona de bosque, donde los robles nos daban la bienvenida.

Cruzando el arroyo

Es una de las formaciones de hayedo más importantes de la península, no precisamente por su extensión, si no por ser testimonio de la vegetación de otras épocas, es decir, por su carácter relíctico. Es capaz de soportar unas condiciones climáticas extremas para su desarrollo. Presenta una espesa capa de hojas y ramas, resultando muy umbrosos, lo cual dificulta en gran medida la vida de otras especies bajo ellos. Además, producen un abundante dosel de materia vegetal que posee efectos alelopáticos, por lo que inhiben el crecimiento más especies vegetales.

Comenzamos la parte más dura del recorrido, con varias pendientes importantes. La verdad que el esfuerzo era mucho más llevadero gracias a la belleza de las hayas que nos rodeaban. Todo un espectáculo. No tardamos en llegar a “La Carbonera“, una bella estructura popular de troncos de madera cubierta por tierra y hojas, réplica de las carboneras antaño utilizadas para la obtención del preciado mineral.

La Carbonera, en el Hayedo de Tejera Negra

Seguimos la dura subida, que en momentos parecía no acabar, hasta coronar en la conocida pradera de Matarredonda. Aquí descansamos y nos hidratamos mientras contemplábamos las magníficas vistas. Un precioso horizonte de naturaleza salvaje. A partir de este tramo el camino se suaviza bastante, la mayor parte se realiza cuesta abajo con algún tramo llano.

El fin de la subida nos obsequió con estas preciosas vistas, en la Pradera de Matarredonda

Se agradece que durante el camino aparezcan numerosos carteles informativos con interesante información sobre la flora y fauna. Aprendimos mucho sobre ambas. Con respecto a la primera, cabe destacar las poblaciones de roble melojo y pino silvestre, siendo este último de repoblación. Dentro del valle fluvial en el que nos encontramos, las hayas se ubican al final. También podemos observar árboles como el tejo, el serbal, el arce o el acebo. Matorrales como la jara, la retama o brezos. En lo referente a la fauna, habitan aves como el pico picapinos, el trepador azul, el pinzón, la chova, el gavilán, el azor, el búho chico o el águila real. También rondan reptiles como el lagarto verdinegro o mamíferos como el corzo o la ardilla. Todo ello dependiendo de la estación del año.

Poco faltaba para finalizar nuestro camino. Surgió una bifurcación bien señalizada que continuamos por la izquierda, ya que por la derecha salíamos a la ruta larga. Finalmente dimos a parar a la fuente del comienzo y pegamos un buen trago para celebrar el fin de la caminata. Hemos de decir que se nos hizo un poco tarde y ya casi no quedaba gente en el parque.

Encrucijada de caminos

De este modo, dimos por concluida nuestra visita al Hayedo de Tejera Negra. Un lugar realmente espectacular donde disfrutar de la naturaleza. Visita recomendable donde las halla. Uno de los pulmones de la Meseta.