Campo de Criptana, a la sombra de los molinos (I)

Molinos de Campo de Criptana

Viajamos a la comarca de La Mancha, en la provincia de Ciudad Real. Junto a la frontera con Toledo encontramos una preciosa localidad con un patrimonio religioso y civil inmenso. Tan grande que vamos a dividir nuestra visita Campo de Criptana en dos entradas. En esta primera os mostramos lugares tan espectaculares como el santuario del Cristo de Villajos, el barrio del Albaicín o la sierra de los Molinos, donde se hallan los conocidos símbolos de esta localidad.

Cómo llegar a Campo de Criptana

La vía más importante que atraviesa el núcleo urbano de la villa es la N-420, que a su paso por Campo de Criptana recibe el nombre de CM-420. Nosotros aterrizamos en la localidad desde la provincia de Cuenca por la carretera CM-310, atravesando localidades como Quintanar de la Orden o Miguel Esteban. Varios kilómetros antes de desembocar en Alcázar de San Juan, sale el desvío a Campo de Criptana por la CM-3105, que finaliza en la autovía de los Viñedos o CM-42. También se puede llegar a través de vías comarcales más pequeñas, como la CR-1222. Posee una población de 13.949 habitantes (INE 2016).

Qué ver en Campo de Criptana

Como hemos mencionado anteriormente, llegamos por la carretera CM-3105. Cuatro kilómetros antes de llegar al pueblo, nos topamos con el santuario del Cristo de Villajos. Su origen proviene de la iglesia del antiguo despoblado de Villajos. El estilo románico de su exterior fue otorgado tras una reforma a comienzos de la década de los 80. El Cristo de Villajos es patrón de Campo de Criptana. Ascendiendo por unas escaleras que hay junto al templo, llegamos al Pozo de Nieve. Esta antigua representación de arquitectura popular se utilizaba para guardar y conservar hielo para su posterior distribución.

Santuario del Cristo de Villajos

Un kilómetro antes de llegar pasamos junto a la ermita de San Isidro. Construida tras la Guerra Civil, se halla en un hermoso paraje. Ya sí, entramos en el núcleo urbano de Campo de Criptana, pero solo para bordearlo y tomar un camino que sale a mano derecha y lleva hacia el lugar más conocido del municipio. Por supuesto, nos referimos a la sierra de los Molinos, hogar de sus conocidos iconos.

Molino de viento en Campo de Criptana

Diez son los molinos de viento que coronan el pueblo. Fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1978. De ellos, solo quedan tres originales con maquinaria: el Infante, el Sardinero y el Burleta. Son del siglo XVI y se distinguen fácilmente de los demás por tener el tejado negro. Todos los meses se realiza una demostración de la molienda tradicional en uno de ellos. El resto de los molinos son el Culebro, el Poyatos, el Inca Garcilaso, el Cariari, el Quimera, el Pilón y el Lagarto.

Vista desde el interior del molino Infante

El molino Poyatos alberga un punto de información turística, donde compramos entradas para visitar varios museos interesantes de la villa. Primero fuimos a la casa-cueva, ubicada en el cerro de la Paz. Posteriormente tuvimos una visita guiada en el molino Infante, donde nos enseñaron los mecanismos y el funcionamiento de estos espectaculares artefactos. La siguiente parada fue el museo de Sara Montiel, en el molino Culebro. Continuamos por el molino Quimera, que alberga el museo de la Semana Santa de Campo de Criptana. En él pudimos contemplar 30 maquetas de los distintos pasos que salen en tan señalada fecha. El autor es Carmelo Díaz-Ropera, al cual pudimos dar la enhorabuena en persona por su excelente trabajo.

Obra del Museo de la Semana Santa de Campo de Criptana

Por último, fuimos a la Oficina de Turimo, donde bajamos al museo Espacio para Artesanos (ESART). Aquí nos maravillamos con las obras de tres autores. El primero fue Antonio Manjavacas, cuyos trabajos con alambre nos dejaron impresionados. Muchas horas de labor para un acabado realista. Después visitamos el espacio de Severiano Lucas. Este artesano nos dejó con la boca abierta con sus vistosas maquetas. Finalmente Eloy Teno nos maravilló con sus esculturas hechas en hierro. Mucho trabajo y originalidad.

Escultura en hierro de Eloy Teno

Salimos para dar un paseo por el conocido barrio del Albaicín. De origen árabe, es característico por sus calles estrechas y sus casas de color blanco y añil. Conforman este barrio todas las vías que descienden entre la sierra de los Molinos y el cerro de la Paz. Zascandilear por un lugar así son palabras mayores. Recordamos descender por calles como Barbero y Costanilla hasta que desaparecieron las casas encaladas y las cuestas.

Calle del barrio del Albaicín

Allí nos esperaba la ermita de Santa Ana (s. XVI), primero de los muchos edificios religiosos que observamos dentro del casco urbano. Se distingue de manera sencilla por su pórtico de color granate. En el siglo XIX sufrió una reconstrucción después de vivir años de crudeza durante la Guerra de la Independencia. Posee planta de cruz latina, presentando bóveda de cañón en el crucero.

Ermita de Santa Ana en Campo de Criptana

Continuamos por la calle Santa Ana hasta desembocar en la plaza Mayor, donde descansa la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Aunque nos vamos a reservar el hablar de ella hasta la segunda reseña de nuestra visita a Campo de Criptana. Tocará continuar viendo el interesante patrimonio de esta localidad. Quedan todavía edificios y templos importantes como el Pósito Real o el santuario de la Virgen de Criptana. Mucha tela que cortar todavía.