Los Callejones de Las Majadas, soñar en un mar de roca

Los Callejones de las Majadas

Nos dirigimos a la serranía de Cuenca para visitar uno de los parajes naturales más bellos y espectaculares de la provincia. La ruta de Los Callejones de Las Majadas posee un gran interés geomorfológico, pues el paso del tiempo ha hecho mella en la evolución del relieve que podemos contemplar, dando lugar a todo tipo de formaciones rocosas. Toca dejar volar la imaginación.

Cómo llegar a Los Callejones de Las Majadas

Llegamos al municipio de Las Majadas a través de la carretera CUV-9113, que tomamos viniendo de la CM-2105 a la altura de Villalba de la Sierra. Una vez llegados a la localidad que pone nombre a Los Callejones, debemos bordear el pueblo sin entrar al núcleo urbano, hasta observar un cartel que indica, a mano derecha, el desvío al conocido paraje natural. Después de 3 km., aproximadamente, llegaremos a nuestro destino.

Se halla en la comarca de la serranía Alta, concretamente en el Parque Natural de la Serranía de Cuenca. La ruta (P.N.S.C.-S02) posee una distancia de 3’6 kilómetros, que se pueden hacer fácilmente en menos de una hora y media de camino. Posee una dificultad baja, siendo perfecta para ir en familia. Circula anexo durante algún tramo el Sendero PR-CU 28 o Ruta de las Fuentecillas y Los Callejones, perteneciente al Registro Oficial de Senderos de Cuenca. El paraje también es conocido como “la otra Ciudad Encantada”, aunque se diferencia en que está menos masificado y su visita es gratuita.

Qué ver en Los Callejones de Las Majadas

Eso hicimos nosotros, ir en familia, pues fuimos el mismo día que acudimos al Parque Cinegético de El Hosquillo. Tras aparcar el auto en el espacio habilitado para ello, nos dispusimos a iniciar el recorrido según las indicaciones. Comenzamos con una pequeña subida siguiendo las flechas de dirección. El camino al principio no es muy ancho y está rodeado de vegetación. Tras unos metros llegamos a la primera explanada, frente a la cual observamos algunas formas caprichosas.

Rocas en los Callejones de las Majadas

Explanada en los Callejones de Las Majadas

Este curioso paisaje de roca caliza se denomina lapiaz. Es un conjunto de surcos y oquedades de distintos tamaños, consecuencia del modelado cárstico. Se origina debido a que las rocas, denominadas dolomías, están compuestas de carbonato magnésico y cálcico, lo cual quiere decir que son solubles al agua. El viento, la lluvia y el paso de miles de años han originado este mar de piedra, donde podemos apreciar multitud de formaciones, puentes y pasajes.

Tras pasar esta primera parada de interés fotográfico, continuamos una breve ascensión hasta llegar a una enorme superficie de piedra que nos dejó con la boca abierta. Nos encontrábamos en la zona superior de los callejones que discurren por el territorio. Una serie de grietas dividían este mar de rocas, por el cual te puedes desplazar mediante saltos y mucho cuidado, pues una caída resulta fatal. Tras contemplar este espectáculo de la naturaleza, nos deslizamos por un estrecho callejón por el que continuaba el sendero.

Mar de piedra en Las Majadas

El mar de piedra de Las Majadas

La formación de un lapiaz resulta muy curiosa y se divide en tres etapas. En la primera el agua circula sobre las dolomías, creando y aumentando las grietas o fracturas que originan los surcos alargados. En una segunda etapa, estos surcos se van ensanchando al diluirse la roca, formando los callejones. La última etapa supone la unión de estos callejones tras el progreso que toma la disolución, quedando algunos relieves aislados que conforman un paisaje increíble. En la ruta podemos apreciar zonas en las que predominan más los surcos, otras los callejones y otras donde la disolución ha hecho desaparecer prácticamente a la roca, quedando algunas figuras solitarias como los conocidos tormos.

Continuamos por los estrechos pasadizos, donde estábamos rodeados de roca a ambos lados. En algunas oquedades se podía observar el paisaje exterior, resultando la escena muy curiosa. La bajada seguía y pronto se despejaron los laterales, volviendo la flora a nuestra vera. Decenas de metros más adelante llegamos a otra explanada, esta bastante más grande, donde se podían apreciar altas paredes de roca apartadas y un tormo aislado.

Espectacular entorno en los Callejones de Las Majadas

Rocas en los Callejones de Las Majadas

No hemos hablado de la vegetación existente, donde predomina el pino negral, existiendo también el pino albar, aunque en menor cantidad. También es muy común la vegetación rupícula, es decir, adaptada a los medios rocosos. Como ejemplares de esta especie, existentes en Los Callejones de las Majadas, tenemos el té de risca, la uña de gato o la doradilla. Podemos observar también algunas especies pertenecientes a la vegetación esciófila o de ambientes sombreados. Es el caso del saúco, el acebo, el avellano, la hepática o la sanícula. Todo un reino de árboles, plantas y arbustos que otorgan un enorme valor añadido al paisaje.

Pino negral en Las Majadas

El sendero continuaba, pero se nos hacía tarde y teníamos que comer antes de visitar El Hosquillo. Nos perdimos algunas zonas de abundante vegetación y más formaciones de caprichosa roca. De todas formas es un lugar al que volver cada año, pues resulta una excursión perfecta para ir con amigos y familiares. De hecho, se han rodado más de una película en este excepcional paraje, por ejemplo “El mundo nunca es suficiente”, perteneciente a la saga de James Bond, el agente 007, que en aquellos tiempos (1999) protagonizaba Pierce Brosnan.

Zascandileando entre los Callejones de Las Majadas

De este modo volvimos al comienzo de la ruta, muy cercano a la explanada anteriormente citada. Justo al lado existe un tranquilo merendero cubierto por la sombra de los pinos. Allí degustamos unos ricos bocadillos que nos supieron a gloria y valieron para darnos fuerzas, pues por la tarde seguía el zascandileo. De esta forma pusimos un broche de oro a esta fenomenal excursión familiar, la cual nunca falla. Visitar Los Callejones de Las Majadas es un valor seguro por su espectacularidad. Uno siempre vuelve.