Café / Bar Quijote, en Alarcón

Lo normal cuando viajas a un pueblo como Alarcón es recordar, tiempo después, su patrimonio arquitectónico o el espectacular paraje natural en el que está localizado. Nosotros, además de eso, nos acordamos mucho de un momento clave en la visita. Terminada la excursión, con un calor del demonio, arreció el hambre. En ese momento, el Café-Bar Quijote acudió en nuestro auxilio.

Cómo llegar al Café/Bar Quijote, en Alarcón

Desembocamos desde la N-III, tomando el desvío que nos lleva a la carretera CUV-8033. A los pocos kilómetros observamos el río Júcar y la majestuosa villa de Alarcón al lado. Dentro del núcleo urbano, tenemos que ir a la calle Santa Trinidad, concretamente al número dos, para poder disfrutar de los platos que nos ofrece el Café/Bar Quijote.

Comer en el Café/Bar Quijote, en Alarcón

Pese a tener una terraza bien hermosa, decidimos entrar dentro del establecimiento, pues se estaba más fresco. Nos sentamos en una mesa y solicitamos dos refrigerios para calmar la sed, que en aquellos momentos nos quitaba la vida lentamente. Echamos un vistazo a la carta y nos costó decidirnos, pues entre la variedad existente y el hambre que traíamos era difícil concretar. Por nosotros hubiéramos pedido toda la carta, pero tampoco es que nos sobre el dinero.

De entre todas las raciones y platos que ofrecía, tanto gastronomía regional como peninsular, finalmente elegimos tres: ajoarriero, ensalada de ventresca con pimientos y, para variar, zarajos. Benditos sean.

Zarajos en el Mesón Quijote de Alarcón

Que podemos decir de los zarajos…¡Uno de nuestros platos favoritos!

Además del amabilísimo trato que nos mostraron en todo momento, otro punto que nos gustó es el poco tiempo que esperamos para empezar a comer. Al poco tiempo nos trajeron el ajoarriero. Este plato, típico en la provincia de Cuenca, consiste en una pasta hecha de patatas, bacalao, ajo, huevo y aceite. El que tomamos en este bar estaba para chuparse los dedos, perdimos la cuenta de los cestillos de pan que solicitamos para untarlo.

Cuando faltaba poco para terminar la primera ración, apareció la ensalada. Normalmente intentamos engañarnos a nosotros mismos con algún plato sano, para no obstruir las arterias. En este caso acertamos de lleno, además de sano, exquisito. La ensalada llevaba, además de su aliño, ventresca de bonito, pimiento rojo, cebolla y huevo cocido. Supo a gloria. Tremenda antesala para nuestra preocupante adicción.

Ensalada de ventresca con pimientos, deliciosa.

Estamos pensando en ir a terapia, porque lo nuestro con los zarajos es digno de análisis. Como siempre, no nos pudimos resistir a pedirlos. Ya hemos hablado unas cuantas veces de ellos, incluso les dedicamos una entrada. Al final caímos en la tentación. A mitad de ensalada vinieron, y tardaron en desaparecer más bien poco. Crujientes y deliciosos, perfectos para redondear la mañana en Alarcón.

Tras terminar, pedimos un par de cafés para bajar la comida. Nos habíamos quedado solos en el bar junto a los hosteleros, los cuales, debido a las tardías horas, también se pusieron a comer. Interrumpimos su comida para pedir los cafés y la cuenta, y la sonrisa de la mujer que nos atendió, nunca se borró de su rostro. Queremos recalcar el trato que nos prestaron, pues de verdad fue para quitarse el sombrero.

Tras abonar la económica cuenta, salimos para seguir nuestra ruta zascandil, pero nos fuimos con un recuerdo enormemente agradable. Realmente se juntó una comida muy sabrosa y una sobresaliente atención al cliente. Solo nos queda recomendar encarecidamente este sencillo establecimiento si visitáis Alarcón. Nosotros, cuando volvamos a no mucho tardar, ya sabemos donde vamos a comer, en el Café-Bar Quijote.